sábado, 10 de octubre de 2026

Quien traspase la línea.

No estaba dispuesto a ceder ni un centímetro. Trazo una línea con la puntera de su zapatilla y dijo: —El que cruce esta línea no saldrá vivo de este campo.

Su equipo lo miró con orgullo; era el mejor luchador de su género y estilo. Angie lo miraba con deseo, pero también con confianza; sabía que nadie se metería con su grupo. En cuanto alguien tratara de cruzar la línea que él trazó con un movimiento preciso, lo desarmaría y lo lanzaría a 50 metros, dejando claro que no se andaba con chiquitas.

Un silencio pesó sobre el campo después de sus palabras. Solo el crujir de la grava bajo las botas de alguien lo rompió. De entre el grupo rival, un tipo alto y con cicatrices en el rostro se adelantó. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios mientras sus ojos, fríos como el acero, se clavaban en el guardián.

—Cincuenta metros es mucho, dijo el recién llegado con voz ronca. —Siempre he querido ver qué se siente al volar. Sin prisas, puso un pie sobre la línea trazada en el suelo. El crujido de la grava fue tan audible como un disparo. —¿O es que solo sabes pintar en la...? No pudo terminar la frase, pues una patada voladora lo lanzó a más de cincuenta metros para la hilaridad de su equipo.

—¿Qué te ha parecido el vuelo? le gritó, lanzando una acerada mirada azul.

M. D. Álvarez 

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