domingo, 18 de octubre de 2026

Los cuatro del cayoco.

El agente le señala la fila de menores. Viendo el panorama, Héctor se apiadó de aquellos pequeños; eran cuatro, todos estaban sumidos en un aura de tristeza. 

—¿Los cuatro han llegado en ese cayuco?, preguntó sobrecogido. La embarcación en cuestión era un amasijo de tablas atadas con cuerdas.

—Sí, parece mentira que esos mocosos se enfrenten al mar embravecido, todo por una idea mal concebida.

Héctor lo fulminó con la mirada y los envolvió en mantas térmicas. Sus miradas de agradecimiento se clavaron en su noble corazón.

—Tranquilos, ya estáis a salvo; yo cuidaré de vosotros. 

Los chiquillos parecieron comprender y sonrieron con alegría, abrazándolo a la vez.

M. D. Álvarez

No hay comentarios:

Publicar un comentario