miércoles, 21 de octubre de 2026

Aracnofobia.

Aterrorizada en la ducha, se encontraba paralizada; no podía mover ni un músculo. Solo pudo lanzar un aterrador grito, que fue lo que la alertó y hizo que él acudiera en su ayuda.

—¿Qué ocurre, Angie? ¿Estás bien? —preguntó Marcus, tendiéndole una toalla.

Al verla tan alterada, la cubrió con el albornoz y la ayudó a salir de la ducha.

—¿Qué ocurre? Dime algo —preguntó, visiblemente preocupado.

Ella solo acertó a señalar en dirección a la ducha. Él observó un diminuto puntito en las baldosas.

—¿Esto? —preguntó él al percatarse de que era una pequeña arañita.

—Mátala, mátala —acertó a decir.

Él la cogió y la sacó del baño. Se acercó a la ventana y la soltó, diciendo: —No vuelvas a asustar a mi chica o tendré que cumplir sus deseos.

—Ya está, ya no hay arañas en la ducha —prometió cariñosamente mientras acariciaba dulcemente su espalda para calmarla.

M. D. Álvarez 

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