—¿Qué ocurre, Angie? ¿Estás bien? —preguntó Marcus, tendiéndole una toalla.
Al verla tan alterada, la cubrió con el albornoz y la ayudó a salir de la ducha.
—¿Qué ocurre? Dime algo —preguntó, visiblemente preocupado.
Ella solo acertó a señalar en dirección a la ducha. Él observó un diminuto puntito en las baldosas.
—¿Esto? —preguntó él al percatarse de que era una pequeña arañita.
—Mátala, mátala —acertó a decir.
Él la cogió y la sacó del baño. Se acercó a la ventana y la soltó, diciendo: —No vuelvas a asustar a mi chica o tendré que cumplir sus deseos.
—Ya está, ya no hay arañas en la ducha —prometió cariñosamente mientras acariciaba dulcemente su espalda para calmarla.
M. D. Álvarez
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