miércoles, 21 de octubre de 2026

Mi precioso cachorro.

Su mirada lánguida lo transformaba en un adorable cachorrito de ojos azules, la perdición de las jovencitas, que no cesaban de manosearlo sin darse cuenta de que él tan solo ansiaba las caricias de Angie. Al ver cómo aquellas veinteañeras tocaban a su chico sin ningún pudor, él trataba de quitárselas de encima con delicadeza.
Angie se puso hecha un basilisco; las jovencitas, en cuanto la vieron aparecer, salieron huyendo. 

Angie llegó donde su adorado cachorro y lo calmó con delicadeza. "Está visto que no te puedo dejar solo", sentenció ella.

"Angie, ya sabes que yo no les doy pie, pero siempre tratan de meterme mano, eso que soy considerado", y las apartó con delicadeza.

"Lo sé, mi terroncito de azúcar. Ya me encargaré de ellas. Ven conmigo, mi precioso cachorrito", lo fue guiando hasta su habitación, donde le enseñaría nuevos trucos para zafarse de aquellas sobonas.

M. D. Álvarez 

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