domingo, 25 de octubre de 2026

Su piel de luna llena.

Su piel, en los días de luna llena, se parecía al terciopelo antes de que su lobo surgiera a través de ella. Ella nunca asistió a su transformación ni conocía el dolor del nacimiento mensual de aquel ser que sumía en el letargo a su chico una noche entera. Pero aquella vez lo siguió al bosque y vio cómo se retorcía de dolor. Lo siguió a distancia; no quería que aquel agresivo licántropo la olfateara. 

Al amanecer, vio cómo aquel monstruo trataba de despedazar a su chico, pero la luz siempre vencía a la oscuridad y logró dominarlo. Cuando la vio llegar, con el dolor todavía latente, dijo: —Angie, ¿qué haces aquí?

—Yo... solo quería... me preocupan tus desapariciones —dijo ella, tendiéndole una muda limpia. 

Él se vistió y, como por instintivo amor, la abrazó. —No quería que te preocuparas por mí, Angie.

M. D. Álvarez 

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