—¿Qué te pasa? ¿Tienes hambre? —preguntó ella en camisón.
Él se giró dando un salto.
—Me muero de hambre, mi estómago está rugiendo —dijo, observándola con deleite. No la había visto tan sexy. Ella se dio cuenta de cómo la miraba y le dijo—: Siéntate, voy a prepararte un bocadillo.
Él se sentó sin apartar la vista de sus curvas. Ella tardó menos de diez minutos en prepararle un enorme bocata que le sirvió en un plato.
—¿Qué te ocurre? —preguntó ella al ver que la seguía mirando. Era un lobo adolescente, pero comenzaba a sentir atracción por las chicas. Entonces se dio cuenta de que ella llevaba un camisón muy sugerente.
—¿Te gusta lo que ves? —dijo ella, acercándose sensualmente hacia él, lo que lo llevó a recular y casi caerse de la silla. Apartó la mirada de sus curvas y la miró a los ojos. Y, con un hilo de voz casi imperceptible, dijo:
—Me ha entrado otro tipo de hambre —dijo, devorando el bocata que ella le había preparado.
Continuará...
M. D. Álvarez
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