La observó desde el linde de un bosquecillo de abedules. Ella se percató del apuesto mancebo sin saber que aquel gallardo ser era el dios de la primavera.
Sin ningún pudor, salió de la laguna dirigiéndose hacia donde se encontraba Yarilo, que ardía en deseos de poseerla. El encuentro, breve pero tan intenso como el estío, dejó en la joven una huella imborrable; sin embargo, al ver al dios partir hacia el sur, la joven Zlatica quedó apesadumbrada.
Yarilo, conmovido por la profunda tristeza de la joven, la transformó en una hermosa zarzamora para que su amor perdurara en la tierra, otorgando a sus frutos el color morado como símbolo sagrado.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario