sábado, 4 de julio de 2026

La flor de llama. 2da parte

El hombre se recostó junto a su amada, observándola con devoción mientras su mano descansaba sobre su vientre. La flor ardiente, vibrante y misteriosa, parecía palpitar en el cuenco, como si compartiera el latido del nuevo ser que estaba por llegar.

Esa noche, mientras el viento ululaba entre los riscos, el sueño les envolvió, y en su descanso, él tuvo una visión. La flor de fuego no era solo un hallazgo fortuito, sino una señal de los antiguos espíritus de la tierra, un presagio de la llegada de su hijo, un niño con un alma ardiente, capaz de equilibrar los elementos y traer prosperidad a su mundo olvidado.

Al amanecer, su amada despertó con una sonrisa tranquila, aunque sus ojos reflejaban la intensidad de un presentimiento.

—Pronto será el momento —susurró.

Él la abrazó con delicadeza, sintiendo en su pecho la determinación de protegerlos. Mientras tanto, la flor de fuego, bañada por los primeros rayos del sol, parecía arder con más fuerza, anunciando el cambio que estaba por venir.

Su expedición a la nebulosa del Boomerang se había reducido a ellos tras tres años estudiando los vientos. Él se convirtió en el domador de los hielos y el gélido viento; su grueso pelaje, en su fase licántropa, lo protegía de los aterradores fríos. 

En una de esas fases, cazó un ser de pelaje mullido y sedoso. Con su piel, elaboró un abrigo de pieles para él y otro para ella; así podía mostrarle la belleza de aquel nuevo mundo. Lo acompañó hasta que se dio cuenta de que estaba embarazada. Entonces, él se encargó de cuidar de ella e intentar modificar el clima de frío aterrador; había logrado subir la temperatura veinte grados, aunque no lo suficiente como para descongelar la nieve.

Con el tiempo, lograría subir la temperatura lo suficiente como para hacer este planeta habitable. Por lo menos, con lo que había conseguido, logró que una hermosa flor naciera bajo los hielos.

M. D. Álvarez 

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