Ya está aquí otra vez la corriente de aire, esa que te hiela hasta el tuétano y que te cala hasta los huesos. Ella, la única que nadie espera, esa y solo esa es la que no crees que te mate, pero con un solo soplido te priva de la vida y te arroja al gélido seol.
Solo los valientes la esperamos a pecho descubierto y le plantamos cara, aunque sepamos que, en cuanto nos toque su gélido aliento, moriremos; pero lo haremos con el valor y la entereza de los bravos del norte.
M. D. Álvarez
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