sábado, 18 de julio de 2026

Cuarta ola.

Los ríos se iban secando a ojos vista; los lagos se secaban cada vez más rápido; los acuíferos se secaban al no recibir las aguas freáticas que no llegaban tras la más larga sequía.

La naturaleza se agostaba; los peces y criaturas fluviales luchaban por sobrevivir en pequeños reductos sombríos, donde las criaturas buscaban alivio al calor abrasador y las pequeñas charcas regadas por manantiales de cristalinas aguas. 

No se sabe cuánto más lograrán subsistir, aliviados por los pequeños manantiales. Solo espero que termine pronto esta aterradora ola de calor que no para de aumentar los grados.

Mientras tanto, la tierra aguarda en silencio, conteniendo el aliento, a la espera de ese primer susurro de lluvia que devuelva el latido a su cauce.

M. D. Álvarez 

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