Ya está aquí otra vez la corriente de aire. La juventud de ella la convertía en una ráfaga cálida, no como sus hermanos, que se habían convertido en tempestuosos huracanes y fieros tifones.
Ella era más dulce y delicada que ellos; así la originó su padre, el rey de los vientos, Eolo, quien había puesto especial cuidado en aquella sensible y susurrante corriente, que recibiría el sugerente nombre de Psíthyros.
Fue concebida con la ninfa Egle del Anteparaíso, quien quiso conocer al padre de los vientos que asomaban a su reino. Al verlo tan encantador, quedó prendada de él; y tras una noche de pasión, nació la pequeña Psíthyros.
M. D. Álvarez.
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