Oyó el trineo tirado por los 20 huskies siberianos que ladraban alegres bajo el mando de su dueño.
Las noches siguientes en el iglú fueron ardientes y pasionales. A la semana de su regreso, él volvió a partir con la algarabía de sus huskies, que veloces lo trasladaron al gélido norte, dejándola a ella esperando con el corazón ardiente.
M. D. Álvarez
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