—Esa chica no te conviene —dijo Alister.
—Es demasiado explosiva y ardiente —refirió Edwin.
—No es tu tipo —sentenció Orweng.
Él conocía las envidias que ella despertaría en sus conocidos y dijo: —Me da igual lo que penséis de ella, yo la quiero y me hace feliz, atajó Marcus, secándose el sudor. —Además, ella me quiere tal como soy.
M. D. Álvarez
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