miércoles, 15 de julio de 2026

El manso corderito.

En previsión de futuros peligros, él se hizo con una Glock 43X, con un cargador de 10 balas y una en la recámara, y se la entregó a ella. Él la miró y preguntó: "¿Para qué es esto?"

—Por si algún día se desata el lobo que habita en mí y quiere herirte —respondió él, evitando mirarla a los ojos, como si temiera que percibiera que le estaba ocultando la verdad.

Las anteriores transformaciones las había sufrido solo en el sótano, pero ahora la tenía a ella, su preciosa Angie.

Pero ella no supo o no quiso pillar la indirecta y dijo: "Lobo, tú, pero si eres un manso orderito", susurró al oído.

—Angie, sabes que te quiero más que a la vida misma. Cógela y si ves que cuando salga la luna llena mi cuerpo se convierte en una aterradora bestia, apunta aquí —dijo, señalando su corazón— y dispara, porque si te hiciera daño, la vida no tendría sentido para mí.

—Pero Marcus, tu corazón es grande y noble, y no creo en supercherías de esas —susurró, cabizbajo.

—Angie, te lo estoy diciendo en serio. Prométeme que lo harás —suplicó Marcus.

—Está bien, si ese animal que llevas dentro osa salir, lo haré, pero no creo que seas un monstruo; todo lo contrario, tu forma de ser es lo que me enamoró de ti —dijo Angie en voz baja. Creía conocer a Marcus, todos sus vacíos y bondades; nunca lo habría tachado de monstruo, pero lo amaba y aceptaría aquel arma que él le ofrecía.

Continuará...

M. D. Álvarez 

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