lunes, 27 de julio de 2026

Bajo las estrellas. El despertar del guerreroo.

Era el chico más duro y problemático del grupo, pero ella debió ver su potencial. En aquellos juegos de peleas, él siempre vencía a oponentes más grandes y fuertes que él. Pero en su interior tenía la fuerza del universo corriendo por sus venas; él no conocía su potencial e ignoraba que tal poder fluyera por su interior, aunque ella sí lo percibió. Sus ojos azules destelleaban en la oscuridad.

Ella se acercó a él entre la multitud, desafiante, con una sonrisa que ocultaba un secreto. 

—Sabes que no es solo suerte, ¿verdad?, susurró, mientras el chico bajaba la guardia por primera vez. Sus palabras resonaron en él como un eco perdido. 

Esa noche, bajo las estrellas parpadeantes del firmamento, algo cambió. Cada golpe que daba en la batalla ya no era solo furia ciega, sino algo más... como si sus manos obedecieran a una voz antigua 

—¿Quién eres?", preguntó él, pero ella solo se limitó a reír. 

—Alguien que ve lo que tú no.  Soy tu reflejo en el espejo del destino —respondió ella, mientras el aire vibraba con una electricidad estática que erizaba el vello de sus brazos.

De repente, el chico cerró los puños y sintió que el calor ya no era superficial; era un incendio controlado que nacía en su pecho. El suelo bajo sus pies pareció ceder levemente ante una gravedad nueva y aplastante. No era técnica, era esencia.

Él miró sus manos, donde pequeñas grietas de luz azulada comenzaban a serpentear bajo su piel. Ya no era el busca-pleitos del callejón; era el despertar de algo colosal.

M. D. Álvarez 

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