¿Qué haces con el sombrero del abuelo? —preguntó su madre, que lo miraba con orgullo. Su pequeño ya apuntaba maneras para sustituir a su padre.
El abuelo vio en su nieto su vivo retrato. Cuando, siendo un joven retoño, sintió la llamada de aquella capucha tan enigmática, el trabajo siempre fue sucio pero necesario, y había encontrado un relevo para servir a la guadaña.
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