—¿Qué haces con el sombrero del abuelo? —preguntó su madre, que lo observaba perpleja al ver cómo su mozalbete se servía del sombrero de cowboy de su abuelo para imitar a los cowboys de rodeo sobre su tierno corcel, que lanzaba miradas suplicantes a la ama.
—Y tú, encima, se lo consientes —bufó ella.
El pequeño lobo no quería defraudar a su amigo y se agachó para que el pequeño vaquero se subiera a su lomo y salió al trote, seguido por la madre.
M. D. Álvarez
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