jueves, 30 de julio de 2026

Ardiente pasión.

—Cuando encienda el volcán, vas a disfrutar —dijo él con una sonrisa enigmática. 

—Sé que tienes una pasión desaforada, pero de momento no me estás calentando nada —dijo ella, como si no fuera con ella la exhibición de aquel apuesto joven. . 

Aquello lo incentivó; su cuerpo humano pugnaba por controlar al ser de fuego y pasión que crecía en su interior. Con convulsiones y contorsiones, el licántropo surgió ardiente y apasionado. 

Aquello la cautivó y cayó en sus brazos, fundiéndose como la lava derrite al hielo. Ardieron en un frenesí de sensaciones y pasiones encontradas que creían perdidas en el transcurrir de los eones.

M. D. Álvarez 

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