—Los de mi clase, dices. No somos tan distintos, al menos a simple vista, porque me mantienes enjaulado. ¿Acaso me temes? —dijo, arqueando la ceja.
—No puedo soltarte por tu carácter agresivo —respondió ella con calma.
—Solo soy agresivo cuando mi tótem se despierta y está a punto de hacerlo. Si crees que esta jaula te va a proteger, no me conoces.
Ella lo miró con una pizca de temor, pero estaba segura de que la jaula resistiría esa noche de luna llena.
M. D. Álvarez
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