Un día, mientras patrullaba los límites de su territorio, recordó a la doncella que le había prometido esperar. La curiosidad y un nuevo despertar de sus instintos lo llevaron a buscarla. La encontró en el mismo claro del bosque, ahora convertida en una mujer de belleza madura y serena.
Ella lo miró con los mismos ojos llenos de deseo, pero esta vez con una mezcla de respeto y admiración. "Noble lobo," dijo ella, "he cumplido mi promesa. He esperado por ti, y ahora estoy lista para ofrecerte mi amor y mi lealtad."
Él, visiblemente excitado, se acercó a ella y lamió dulcemente su rostro. Se la llevó fuera de aviesas miradas, a lo profundo del bosque, donde la tomó con gallardía y dulzura. Ella aceptó lujuriosa su miembro; mientras él la penetraba, ella gemía de placer. Su unión fue profunda y consentida; ella le había ofrecido su virginidad y él la tomó con delicadeza y suavidad.
Tras aquel encuentro, ella lo buscaba con asiduidad cuando él iba a cazar y a patrullar por el bosque. Cada encuentro entre ambos era una explosión de deseos y pasiones que los dos se satisfacían mutuamente.
M. D. Álvarez
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