Ella lo prefería arrogante y provocador. Él sentía sus necesidades y trataba de complacerla de todas las maneras posibles, llegando a cotas jamás vistas. Ella lo llevaba a una erección prolongada y satisfactoria para ambos; con tan solo el leve roce de su mano sobre su miembro, lograba excitarlo.
Él controlaba sus impulsos salvajes y se dejaba satisfacer por ella, que conocía sus deseos más íntimos y sabía cómo prolongar su lujuria y pasión. Así continuaron horas satisfaciéndose mutuamente. Ella adoraba su aguante; con mimo, lo llevaba a un éxtasis prolongado.
Cada día que se veían, su deseo iba en aumento; cualquier lugar les valía para desfogarse. Aunque estuvieran separados, permanecían anhelando sus prolongados escarceos.
M. D. Álvarez
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