Aquella preciosa estrellita no tenía fuerza suficiente para competir con el fulgor de sus hermanas mayores, que se diseminaban por todo el orbe. Ella, tan solo era una estrella mediocre, o eso es lo que le habían contado sus hermanas mayores.
Un día, surgió en la oscuridad un pequeño puntito azul, y ella se vio atraída por aquel minúsculo punto azul, que era igual que ella: mediocre. Su situación en el cosmos era en la oscuridad, sin tanta saturación de estrellas.
Solo ella, la más pequeña, vio algo en aquel mundo azul, algo que la llevaría a brillar orgullosa por haber encontrado su lugar en el universo: cuidar de aquel precioso mundo lleno de vida que, gracias a su pequeña estrellita, logró hacerse ver en el gran orbe que poblaba.
M. D. Álvarez
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