domingo, 5 de enero de 2025

Sentimientos encontrados.

Él siempre se había sentido responsable de sus amigos y, en especial, de ella. Por eso, luchaba constantemente con los sentimientos encontrados que se debatían desde hacía unos meses en su interior. 

Había una lucha sin cuartel que le volvía loco. Su corazón era noble y amable, pero desde que se internó en aquella oscuridad, iban surgiendo pensamientos deplorables y mezquinos. 

Su piel suave le atraía, pero luchaba por contener aquellos sentimientos nada ortodoxos hacia su compañera. 

Una noche, se internó solo en la oscuridad y comenzó a sentir que su cuerpo cambiaba de forma drástica. De manera salvaje, se transformó en un aguerrido hombre lobo que, con los sentimientos a flor de piel, sintió que no podía controlar su furia y sed de sangre. 

De pronto, un crujido hizo que se girara y allí estaba ella, entre aterrada y curiosa. Con el último soplo de cordura, huyó, pues los sentimientos que lo acosaban eran aterradores.  

Ella trató de alcanzarlo, pero lo único que consiguió fue perderse en la oscuridad. No sabía por dónde ir y lo llamó; él era el único que podía sacarla de aquella oscuridad. No sabía qué estaba pasando por la mente de su amigo, pero lo necesitaba. Hizo una hoguera en un pequeño claro y se quedó a esperar.

Él presintió que algo la acechaba y no era él. Su olor lo guió hasta ella, que se había quedado dormida junto al fuego. Se acercó y se tendió junto a ella, aunque sus sentimientos atroces lo seguían invadiendo; sus sentimientos de protección eran aún más ferreos e inquebrantables. 

De pronto, escucho un crujido en la espesura; algo se acercaba sigilosamente. Él se levantó y escudriñó la oscuridad; había algo maligno en las sombras.

—¿Por qué defiendes a ese ser de luz si tú eres oscuro y aterrador? Sé que tus sentimientos por esa criatura son monstruosos y aberrantes —preguntó una voz sibilina.

Por qué mis sentimientos de protección hacia ella son mucho más poderosos e inquebrantables que la oscuridad que alberga mi corazón. Ella puede guiarme hacia la luz —dijo él, sintiendo que debía protegerla.

Algo se asomó al claro que permanecía iluminado por la hoguera, pero no tenía forma definida; tan solo se distinguían unos ojos aterradores. Ella se despertó y vio a su amigo mirando fijamente en una dirección, y el pelo de su lomo estaba erizado; sus orejas permanecían alerta. Ella miró en la dirección que él miraba y tan solo vio oscuridad. Se acercó a él y le cogió de la mano; él permanecía tenso y alerta.

—Puedes sacarla del bosque, pero deberás regresar y enfrentarte conmigo. Si no lo haces, aniquilaré todo lo que amas —oyó la voz en su cabeza.

Él la cogió con ternura y la sacó del bosque, de la oscuridad. Y cuando se dispuso a volver, ella lo llamó por su nombre.

—¿Volverás? —quiso saber ella.  

—Tengo que ir; si no, destruirá todo lo que amo. He de luchar por regresar a la luz —le dijo mentalmente.

De regreso al claro, sabía que sería una batalla cruel, sanguinaria, salvaje y sin piedad. Debía acabar con aquel ser, aunque le costara la vida. 

Sus sentidos permanecían alerta cuando sintió que se acercaba. Dejó que su furia lo guiara; cuando lo vio delante, se lanzó en un ataque salvaje y aterrador. 

Aquella oscuridad sintió toda la ira que emanaba de aquel ser, lo envolvió en las más negras sombras, pero él seguía atacando con furia renovada. 

Hasta que alcanzó el corazón de la tenebrosidad, supo que aquel ser lo destrozaría con tal salvajismo que no lograría sobrevivir. 

Trató de huir al corazón del bosque, pero él se lo impidió, destrozando con sus grandes zarpas el tenebroso corazón.

Ella permanecía esperando. Al ver que pasaban los días y él no volvía, decidió que iría a buscarlo. Se adentró en el bosque, pero algo había cambiado: ya no era oscuro y lúgubre, ahora estaba lleno de luz y color. 

Cuando llegó al claro, lo vio tendido en el suelo, cerca de los rescoldos de la hoguera. Parecía estar dormido, aunque cuando se acercó se dio cuenta de que no respiraba; había sufrido una herida certera en su corazón. 

Había luchado contra su yo más aterrador y oscuro y había vencido a costa de su vida. Ella no podía creer que su amigo y protector ya no volvería, pero supo que al final encontró la fuerza necesaria para vencer su oscuridad. 

Lloró amargamente la pérdida de su guardián y erigió un túmulo donde florecían cada año unas hermosas flores; ella las bautizó como flores de lobo.

M. D. Álvarez 

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