miércoles, 8 de enero de 2025

Alrededor de una hoguera.

Todos permanecían dormidos alrededor de una gran hoguera en la que ahora solo había rescoldos. Tan solo un joven permanecía despierto, absorto en sus pensamientos. Jugueteaba con la arenilla de debajo de la hoguera mientras iba añadiendo más leña para avivar el fuego. Las ascuas rebotaban entre las briznas de hierba seca que él había añadido para prender el fuego antes de agregar más leños. El crepitar de las brasas la despertó y se acercó a él.

—¿Por qué estás tan pensativo, Alex? —preguntó ella, frotándose los ojos.

—Me siento raro —dijo él.

—¿Raro? ¿Cómo? —preguntó Eva.

—No sé explicarlo. A veces mi corazón va muy lento y otras parece un potro desbocado.

—¿Has ido al médico? —inquirió ella, inquieta.

—Sí, y mañana me dan los resultados —terció él.

—Tranquilo, ya verás cómo no es nada —dijo ella en tono conciliador.

—Tengo miedo de no poder volver a veros —dijo él, visiblemente afectado.

—Vamos, Alex, tú siempre has sido nuestro ancla. ¿Crees que te vamos a dejar solo? —le dijo Eva, besándole dulcemente en la mejilla.

M. D.  Álvarez 

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