domingo, 5 de enero de 2025

El diente de León.

Aquella diminuta semilla de diente de león comenzó su singladura al recibir el cálido alito del amoroso Céfiro. 

Voló guiada por el amante viento hasta unos bellos prados, donde su amado la depositó con mimo y mesura en el prado más extenso y maravilloso de todos.

Céfiro la humedeció con el rocío de la mañana, y la hermosa semilla floreció con tan espectacular floración. 

El dulce Bravonio la amó, soplando gotas de dulce y mimosa lluvia que espació sobre las hermosas semillas que alzaban el vuelo llenas de júbilo y adoración por su amado padre, el dios del viento del oeste, Céfiro.

M. D. Álvarez 

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