jueves, 9 de enero de 2025

Satisfacción completa.

Según sus amigos, ella era una distracción para él; seguramente era verdad, pero no contaban con el poder de seducción de ella. Le había echado el ojo en cuanto lo vio aparecer. 

Era un hombre lobo joven, pero imponente; su porte atlético y su hermoso pelo dorado le daban un aspecto salvaje, y ella era lo que buscaba: un ejemplar que la satisfaciera en todos los sentidos. Se fue directamente hacia él, que permanecía sentado en una mesa del bar.

—¿Estás solo? —preguntó ella.  

—De momento, sí —respondió con media sonrisa.  

—¿Te puedo invitar a algo? —preguntó ella, visiblemente excitada.

En ese momento, entraron sus amigos en tromba y se lo llevaron en dirección a la barra. Él seguía con los ojos clavados en ella, sin apartar la mirada. 

Debía deshacerse de sus amigos para seguir a aquella preciosidad. La tensión en el aire era palpable mientras ella observaba cómo sus amigos arrastraban al hombre lobo hacia la barra. Su mente maquinaba un plan para separarlo de ellos y tenerlo solo para ella. ¿Cómo podría lograrlo?

Ella decidió actuar con astucia. Mientras los amigos del hombre lobo pedían bebidas en la barra, ella se acercó sigilosamente a la mesa y dejó caer un pequeño papel con su número de teléfono. Sus ojos se encontraron brevemente antes de que ella se retirara, mezclándose con la multitud.

El hombre lobo desplegó el papel y leyó el número de teléfono con una sonrisa intrigante. La luna llena brillaba sobre ellos, y él sabía que esta noche sería diferente. Sus amigos seguían charlando en la barra, ajenos al intercambio secreto.

Ella se alejó, pero no demasiado. Se escondió en la penumbra, observando cómo él guardaba el papel en su bolsillo. La tensión entre ambos era palpable, como una cuerda tensa a punto de romperse. El hombre lobo se levantó y se dirigió hacia la salida, sin mirar atrás.

Ella lo siguió, manteniendo una distancia segura. La calle estaba desierta, y la luna los bañaba en su luz plateada. Cuando él se detuvo en una esquina, ella emergió de las sombras.

—¿Qué te parece si cambiamos de escenario? —susurró ella, acercándose.

El hombre lobo sonrió, y juntos se adentraron en la noche, persiguiendo la luna llena. El poder de seducción de ella había surtido efecto, y ahora, bajo el manto nocturno, comenzaba una historia que trascendería los límites de lo humano y lo salvaje.

M. D. Álvarez 

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