Ella lo miró con curiosidad, sus ojos verdes destellando bajo el sol. Era uno de los jóvenes a los que le había encomendado vigilar por sus altas capacidades. Él, con su cabello oscuro y piel bronceada, parecía haber salido de una leyenda marina. Aunque su encuentro no había sido casual, ella no podía evitar sentirse intrigada.
—Tú y tus arrebatos, dijo ella con media sonrisa
El joven se encogió de hombros, las gotas de agua salada resbalando por su pecho musculoso. "¿Qué le voy a hacer si no soporto que amenacen a tan bella dama?", bromeó.
Ágata sonrió. “—¿Y cómo es que puedes aguantar tanto tiempo bajo el agua?”
“Es un don”, respondió él enigmáticamente. “Una conexión especial con el mar. Pero no es algo que pueda explicar fácilmente”.
Dalia se levantó y se acercó a él. “¿Por qué me salvaste de aquel tipo? ¿Por qué te preocupas por mí?”
El joven la miró fijamente. “Porque siento que eres diferente. Tu energía es única. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras alguien te hace daño”.
Ágata se ruborizó. “Eres extraño, pero también valiente. ¿Cómo te llamas?”
“Me llamo karl”, dijo él. “Y tú eres Ágata, la chica que debe evaluar mis altas capacidades, ¿no?”.
Ella rió. “Vale, me has descubierto”.
Karl extendió la mano hacia ella. “Entonces, ¿qué tal lo he hecho?”
Y así, comenzó una historia de amor y misterio, donde las olas susurraban secretos y los corazones se sumergían en lo desconocido.
M. D. Álvarez
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