lunes, 13 de enero de 2025

El merendero.

En aquel merendero, era el lugar más hermoso y el adecuado para pedírselo. Con todo el mimo del mundo, la llevó con tino y entereza hasta el merendero que él tan ricamente había decorado con motivos florales. 

Le cubrió los ojos con su mano y la guió con la otra; la llevó por un pasillo engalanado con caléndulas y buhardillas que exhalaban un dulce aroma.:

El corazón de ella latía con fuerza bajo la venda que le cubría los ojos. Cada paso que daban, cada fragancia que inhalaba, la sumergía más en un mundo de expectación y misterio. ¿Qué sorpresa le aguardaba al final de aquel camino de pétalos y susurros?

Finalmente, él la detuvo. Con manos temblorosas, retiró la venda y reveló el merendero. Las velas titilaban, creando un halo dorado sobre la mesa dispuesta con exquisitez. El aroma de las flores se entrelazaba con el de la comida recién preparada. Ella parpadeó, asombrada por la belleza del lugar y la ternura de su gesto.

"¿Qué es todo esto?" preguntó, sin poder apartar la mirada de él.

Él sonrió, nervioso pero feliz. "Es nuestro rincón secreto", confesó. "Donde los sueños se hacen realidad y los corazones se encuentran."

Y así, en aquel merendero, rodeados de amor y promesas, sellaron su destino con un beso que sabía a eternidad.

M. D.  Álvarez 

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