Sus nuevas muñecas lo agasajaban con dulzura y mimo; nunca le decían que no, al contrario que las de carne y hueso, a las que había tratado de seducir con todo tipo de juegos eróticos.
Las de carne y hueso nunca deseaban satisfacerlo, pero sus nuevas muñecas lo colmaban de atenciones y besaban su piel aterciopelada mientras él disfrutaba de sus apetitos más salvajes y nocturnos.
Comprar aquellas muñecas tan caras fue una buena inversión
M.. D. Álvarez
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