domingo, 30 de noviembre de 2025

La fusión de dos naturalezas. 2da parte.

Un silencio sepulcral sucedió a un clamor aterrador que se propagó por las almenas más rápido que cualquier peste. Los arqueros supervivientes observaban, con los ojos desencajados, cómo las astillas de sus proyectiles yacían inofensivas en el suelo, alrededor de los pies del ser que ya no podían llamar "hombre".

Su piel, ahora entretejida con la piel impenetrable de su tótem, el lobo amado de luna e hijo de las sombras, brillaba a la luz del crepúsculo como un blindaje vivo. Donde antes había un guerrero, ahora se alzaba una gigantesca criatura de músculo y furia, con colmillos que eran espadas y unos ojos que ardían con el fuego dual de la estrategia humana y la sed animal de victoria.

Con un aullido que no surgió de su garganta, sino de las profundidades de la tierra, cargó. No hacia la puerta, una obviedad que esperarían defender, sino hacia la base misma de la muralla, justo debajo de la posición de los arqueros. Sus manos, ahora garras de fuerza incontenible, se clavaron en la piedra como si fueran arcilla seca. Los defensores sintieron el impacto a través de los cimientos, una vibración siniestra que les heló la sangre.

Continuará...

M. D. Álvarez 

sábado, 29 de noviembre de 2025

La fusión de dos naturalezas.

Frente a él se encontraba un bastión nunca conquistado por ninguna criatura humana, pero él tenía dos naturalezas en sí. Contaba con el ingenio humano y la fortaleza de su tótem animal. 

En ulteriores enfrentamientos, siempre había mantenido sus dos naturalezas separadas, pero esta batalla debía unificarlas, fusionadas en una nueva especie de criatura, una a la que no pudieran detener unos muros de cinco metros de grosor. 

Se concentró y comenzó a fusionarse con su animal interior. Cuando hubo concluido su transformación, sintió que por sus venas corría algo más que sangre; era una mezcla de adrenalina y salvajismo imparable. 

Cruzó la gran sierra en tan solo quince minutos, planteándose frente a aquel bastión. Los arqueros en las almenas quedaron estupefactos con la apariencia de aquel solitario guerrero; al verlo, solo se rieron de él. 

Mal hecho, su furia se desató y comenzó a lanzar cascotes de gran tamaño hacia los puestos de los arqueros, que se vieron superados por tal alarde de superioridad. Los que lograron tensar y disparar sus arcos vieron con estupor cómo sus flechas rebotaban en el cuerpo de tan fuerte contrincante.

Continuará...

M. D. Álvarez 

viernes, 28 de noviembre de 2025

El día de Acción de Gracias.

Sin los españoles, no habría un Estados Unidos como este, os lo aseguro. Si pudiera dar marcha atrás en el tiempo, al día 8 de septiembre de 1565 en Florida, y de la mano de un español: Pedro Menéndez de Avilés, 56 años antes que los peregrinos ingleses. Pero vamos a lo que quería decir: algunas de las celebraciones que se agencian tanto los ingleses como los americanos como propias son de origen español. Así que dejad de menospreciar a mi país; tenemos que estar orgullosos de ser españoles.

¿Qué creéis que me encontraría? Un pueblecito llamado San Agustín, donde la tripulación de las cinco naves de las 26 enviadas celebró misa y luego compartió una gran comida con algunos de los nativos saturiwa, y así dio comienzo la celebración de Acción de Gracias.

M. D. Álvarez 

Princesa socorrista.

Aquel dolor lo sumía en un constante sinvivir. Ella se percató de que algo le ocurría cuando, desde el trampolín más alto, cayó a la piscina.

—¡Sa matao! —rezongó uno de sus amigos, creyendo que estaba fingiendo. Pero ella no dudó; se lanzó al agua para rescatarlo. Con esfuerzo, logró sacarlo del agua; él estaba inconsciente, pero respiraba. Le tomó las constantes vitales; su pulso parecía el de un potro desbocado. Urgió a que llamaran a una ambulancia.

Ya en el hospital, lo llevaron a un box donde lo trataron con suma delicadeza, pues quien lo había rescatado era la princesa del país vecino, que pasaba las vacaciones como socorrista.

M. D. Álvarez 

jueves, 27 de noviembre de 2025

Derritiendo el crisol.

No sabían cuántos milenios habían pasado desde el último encuentro con su amada, y cada encuentro era más apasionado que el anterior. Eran como dos potencias que se atraían; se consumían de puro amor. Cuando sus apetitos y deseos eran saciados, ella concebía con la simiente de él mundos fabulosos y criaturas hermosas.

Con cada nacimiento de cosmos adyacentes, se debían separar. Él quedaba sumido en un sueño profundo mientras ella seguía dando a luz a estrellas de hermosos colores, planetas con diversidad de poblaciones y galaxias preñadas de cúmulos estelares de fuegos violetas.

Cuando ella dejaba de concebir, habrían transcurrido quizás eones, y tocaba un nuevo reencuentro. Su despertar era sinónimo de destrucción y creación.

Llegó el momento de un nuevo encuentro entre él y su encantadora diosa. Su unión arrebatadora y abrasadora los colmaba de un amor tan intenso que fundiría el más duro crisol.

Sería la última vez; no lo creo. Ninguno de los dos daba muestras de agotamiento.

M. D. Álvarez 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Piel de batalla.

Su piel, como un campo de batalla surcado por grandes cicatrices, era calmada por sus hábiles dedos. Él era un bravo soldado al mando del mejor equipo de combate, pero los demás no tenían su formidable aspecto. Era una mezcla entre ángel, por sus luminosos ojos, y feroz guerrero, por su brutal cuerpo de licántropo. Solo a ella le estaba permitido aliviar sus heridas. 

Mientras sus dedos recorrían las cicatrices de su piel, ella podía sentir el peso de cada batalla que había librado. Cada marca contaba una historia, un recordatorio de los enemigos enfrentados y de los amigos perdidos. Era un guerrero formidable, pero también un hombre marcado por el dolor y la pérdida.

"¿Por qué sigues luchando?", le preguntó ella, su voz suave como un susurro en la brisa. "¿No hay un momento en el que desees dejarlo todo atrás?"

Él cerró los ojos, dejando que el tacto de sus manos lo transportara a un lugar seguro. "Cada vez que miro estas cicatrices, recuerdo por qué lucho", respondió con firmeza. "No solo por mí, sino por aquellos que no pueden luchar. Por los que ya no están."

Ella asintió, comprendiendo la carga que llevaba sobre sus hombros. Sabía que él se sentía responsable de cada vida perdida en el campo de batalla. Pero también sabía que su fortaleza era lo que los mantenía unidos, lo que les daba esperanza.

M. D. Álvarez 

martes, 25 de noviembre de 2025

El otro Dolmen de Dombate.

El inmenso Dolmen de Dombate, en Cabana de Bergantiños, era un lugar mágico que invitaba a reflexionar sobre cómo los pueblos del Neolítico podían levantar tales formaciones megalíticas. 

Él era uno de los pocos estudiosos que había construido una réplica utilizando diversos artilugios encontrados en la cantera de megalitos que se encontraba en la cantera marítima, a casi 10 kilómetros de Puenteceso. 

Eran unas poleas acanaladas, contrapesos y trípodes simples. De lo que no quedaba rastro era del tipo de cuerdas que utilizaban. Él utilizó los materiales de hoy, pero empleó las herramientas del Neolítico: taladros de silex y hachas del mismo material. 

Cuando concluyó su obra, la copia era casi idéntica y fue expuesta junto al auténtico Dolmen de Dombate, mostrando que los antiguos moradores del Neolítico eran sumamente inteligentes. Esa era la prueba que necesitaban para afirmar que, si nos proponemos algo, no hay nada que nos detenga. 

La exposición se clausuró y los dos dólmenes quedaron como símbolo de hermandad entre los constructores del Neolítico y los estudiosos del futuro.

M. D. Álvarez