miércoles, 7 de mayo de 2025

El protector implacable.

Tenía un plazo de 72 horas para rescatarla y no iba sobrado de tiempo para nimiedades con sus amigos, que lo reclamaban por sus dotes detectivescas. Salió de su casa y cogió su Yamaha; sabía dónde debía indagar: aquel bar donde la habían visto le pondría sobre la pista. 

Entró en aquel antro y jaló por las solapas al camarero, que le dijo todo lo que quería saber. Un grupo de moteros, los Coyotes Azules, la había secuestrado y se reunían en un chamizo a 20 kilómetros por la R6. 

Se encaminó con cara de pocos amigos; si le habían hecho daño, no dejaría ni uno vivo.

No eran muy despiertos; había dejado las motos aparcadas delante de la choza y se oían risotadas, lo que le hizo entrar en cólera. De una patada, tiró la puerta. Los allí reunidos se sorprendieron y no reaccionaron a tiempo; los eliminó a los diez. Ella estaba colgada de las muñecas, semidesnuda. Él la descolgó y la cubrió con su chaqueta. Ella abrió los ojos y lo vio junto a ella; sabía que él la encontraría. Siempre la protegía con mimo, amor  y atención.

M. D. Álvarez 

martes, 6 de mayo de 2025

Gilgamesh y Enkidu.

El aire era espeso; denso, podría cortarse con un machete. Habían logrado descender a la tumba más antigua del imperio sumerio, más exactamente, la tumba del rey mítico Gilgamesh, el héroe hijo de la diosa Ninsu y de uno de sus novicios llamado Lillah.

En una de sus correrías, el joven héroe se topó con multitud de criaturas que ni nos podríamos imaginar que existieran en los orígenes de la civilización sumeria.

Su tumba era fastuosa y albergaba un gigantesco sarcófago de oro y plata en una de las cientos de criptas que contenía tan grande mausoleo. Todas las criptas estaban ricamente decoradas en vivos colores con las hazañas del hijo de Ninsu. Pero había una diminuta cripta donde los motivos de decoración eran infantiles, con ilustraciones de juegos de niños. Podía tratarse del joven Gilgamesh y su buen amigo Enkidu. En ella se guardaba un precioso objeto que, al parecer, el joven Gilgamesh regaló a su buen amigo Enkidu: un pequeño caballo de oro y marfil.. 

Seguimos recorriendo las criptas, cada cual más suntuosa y ricamente ornamentada, hasta llegar a la última, en la que se encontraban cuatro sarcófagos. Uno de ellos, de un tamaño ciclópeo, tenía una efigie de un gigante barbado con ojos azules, lujosamente tallada en oro y plata. Era el gigante Gilgamesh 

Un segundo sarcófago, de una hermosura sin parangón, pertenecía a la esposa de Gilgamesh, la diosa Inanna, y estaba realizado en jade y esmeralda. 

El tercer sarcófago era el de su amado hijo Ur-Nungal, labrado en arenisca roja. 

El cuarto sepulcro era casi tan grande como el de Gilgamesh; estaba labrado en jaspe y lapislázuli, y si os lo imagináis, sabréis quién está enterrado en él: Enkidu, el amado hijo de Aruru, la diosa de la tierra. 

La última cripta representaba los verdaderos orígenes de la primera dinastía mitológica de la civilización sumeria. Las paredes recogían toda la historia del nacimiento, vida y muerte de un dios en vida, sus anhelos, trifulcas y vicisitudes varias.

Continuará...  
M. D. Álvarez

lunes, 5 de mayo de 2025

El bebé con luz. 2da parte.

Ella le ocultó su embarazo porque sabía que su trabajo era muy arriesgado y los lugares que visitaba estaban llenos de criaturas y entes oscuros que podían verse atraídos por la luz que emanaba de él. El pequeño había heredado su fulgor y le aterraba que lo atraparan. Por eso se asustó cuando el pequeño desapareció y no tuvo más remedio que solicitar la ayuda de él; era el mejor de los viajeros entre planos. 

"¿Por qué no me lo dijiste?", le había preguntado él. 

"Tenía miedo" comenzó a decir ella, "miedo de que lo localizaran". 

"¿No me crees capaz de defenderos", respondió él, visiblemente entristecido. "Tengo capacidades especiales que me permiten luchar tanto en este plano como en el astral. Soy lo suficientemente fuerte como para luchar por los dos".

Ella bajó la mirada, sintiendo el peso de su decisión. "No es que no confiara en ti, es que el miedo me paralizó. No podía soportar la idea de perderte a ti también."

Él la abrazó con ternura, sintiendo el peso de sus palabras. "Lo entiendo, pero ahora estamos juntos y nada nos detendrá."

Ella asintió, sintiendo una mezcla de alivio y determinación. "Debemos estar preparados. El ente oscuro no se detendrá hasta encontrarnos."

"Lo sé," respondió él, "pero ahora tenemos una ventaja. Sabemos dónde está nuestro hijo y podemos protegerlo."

Se miraron a los ojos, compartiendo una silenciosa promesa de luchar juntos. Con el bebé en brazos, comenzaron a planear su siguiente movimiento. Sabían que el camino sería peligroso, pero estaban dispuestos a enfrentarlo.

"Primero, debemos fortificar nuestra posición aquí," dijo él. "Necesitamos crear barreras que impidan al ente oscuro rastrearnos."

Ella asintió, ya pensando en los hechizos y protecciones que podrían usar. "Y también debemos estar listos para movernos rápidamente si es necesario."

Con una nueva determinación, se pusieron a trabajar, sabiendo que la seguridad de su hijo dependía de ello.

M. D.  Álvarez 

domingo, 4 de mayo de 2025

Brillante y afilado.

No se merecía su perdón; lo que había hecho no tenía nombre. Aquel individuo había cometido el peor de los pecados.:

El aire se tornó denso, casi irrespirable, mientras la oscuridad envolvía la habitación. Los ojos de la víctima, abiertos de par en par, reflejaban un terror indescriptible. Cada rincón del lugar parecía susurrar secretos macabros, y el crujido de las tablas del suelo resonaba como un eco de condena. 

El individuo, con una sonrisa torcida, avanzó lentamente, sus pasos resonando como un presagio de muerte. En su mano, un objeto brillante y afilado capturaba la poca luz que se filtraba por las ventanas cubiertas de polvo. La víctima intentó retroceder, pero sus piernas no respondían; el miedo las había paralizado.

"Esto es solo el comienzo", murmuró el agresor, su voz un susurro helado que penetraba hasta los huesos. La víctima sabía que no había escapatoria, que el horror apenas comenzaba. Y en ese instante, la oscuridad se cerró por completo, dejando solo el sonido de una risa siniestra que resonaba en la eternidad.

M. D.  Álvarez 

sábado, 3 de mayo de 2025

Megamotivado.

Lo amaba más allá de toda duda; él era su guardián y protector. Sabía que podía confiarle su vida; con él estaba segura. Él era un licántropo megamotivado por su protegida. 

Su primer encuentro fue cuando tan solo eran unos niños; ella lo defendía ante los otros mocosos que se burlaban de su aspecto. 

Ella curaba sus heridas cuando se peleaba y salía perdiendo, pues se enfrentaba a chicos mayores que él, que le sacaban tres cuerpos. 

Una vez creció, su aspecto formidable y su bravura eran suficientes como para espantar a los moscones que revoloteaban alrededor de ella.

Con el tiempo, su vínculo se fortaleció aún más. En las noches de luna llena, él la protegía de cualquier peligro, mientras ella le ofrecía consuelo y comprensión. 

Juntos, enfrentaron desafíos inimaginables, demostrando que el amor y la lealtad podían superar cualquier obstáculo. Su historia era un testimonio de valentía y devoción.

M. D. Álvarez 

viernes, 2 de mayo de 2025

La calma en la tormenta.

Cuántas vidas se perdieron el día que descubrió su naturaleza indómita y salvaje. Nunca lo sabrán; su sed de sangre era inagotable, tan solo se aplacaba cuando ella estaba cerca. Aquel día, ella lo aplacó acercándose aún más. Él se sintió turbado e incómodo, pero se contuvo. A ella le gustaba su aspecto fiero y bravo. Había algo en ella que dominaba hasta tal punto que lograba tranquilizarlo con solo mirarlo.

Ella se acercó aún más, sus ojos reflejando una mezcla de valentía y ternura. Él, sintiendo su presencia tan cerca, notó cómo su furia comenzaba a desvanecerse, reemplazada por una calma inesperada. Sus manos, que antes temblaban de rabia, ahora se relajaban al contacto con la piel suave de ella.

"¿Por qué haces esto?" preguntó él, su voz apenas un susurro.

"Porque veo en ti algo más que la bestia que todos temen," respondió ella, sin apartar la mirada. "Veo a alguien que lucha contra su propia naturaleza, alguien que necesita ser comprendido y aceptado."

Sus palabras resonaron en él como un eco lejano, despertando recuerdos de un tiempo en el que no era consumido por la ira. Poco a poco, comenzó a confiar en ella, permitiendo que su presencia lo guiara hacia una paz que creía perdida para siempre.

Ella era su calma y su anhelo más dulce, así que avanzó un paso hacia ella y la abrazó con ternura. Él sería suyo para siempre; con ella, la ira y la furia darían paso a la calma y el sosiego.

M. D. Álvarez 

jueves, 1 de mayo de 2025

El bosque más joven.

Solo quedaba uno entre un millón que existía en las cuentas de todos los ríos: eran bosques antiguos. Cuando los dinosaurios existían, ellos ya estaban; allí eran los protectores de la vida, los dadores de alimentos. Ahora, tras la sistemática destrucción de sus hermanos mayores, solo quedaba uno, el más joven, pero frondoso y conocedor de todos los secretos de antaño. Él buscaba repoblar con todas sus fuerzas los márgenes de su gran benefactor, el río más caudaloso del sistema fluvial.

No contábamos con su poder de recuperación; fue capaz de ampliar hasta el infinito su vasto manto.

Os preguntaréis dónde estábamos nosotros. Muy fácil: nos extinguimos y dejamos a la naturaleza a su libre albedrío.

M. D. Álvarez