Un día la encontró, la que sería su apoyo incondicional e inquebrantable, la que lucharía codo con codo con él. Pues ella también se sentía sola en el mundo, hasta que apareció él.
Se aferraron el uno al otro como náufragos a un madero en medio de la tormenta. Juntos enfrentaron las adversidades, con la fuerza que solo da el amor y la comprensión. Su unión era inquebrantable, un faro de esperanza en un mundo hostil.
La soledad había quedado atrás, reemplazada por un vínculo profundo y duradero. Encontraron en el otro lo que tanto habían buscado: un alma gemela, un compañero de viaje, un refugio en la tormenta.
Su historia es un canto a la esperanza, un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una luz que nos guía. Un faro que nos lleva hacia la felicidad, hacia el amor verdadero.
M. D. Álvarez
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