jueves, 28 de noviembre de 2024

El último duelo.

Su historia comenzó allá por el año 1000 de nuestra era, cuando las trifulcas se remediaban con duelos de honor. Su nacimiento fue fruto de un amor prohibido, el honor de su madre fue puesto en entredicho. 

Su padre se batió en duelo por el honor perdido, pero murió al ser abatido por su contrario, quien abusó de su madre valiéndose de su linaje cuando él aún estaba en su vientre. Después de lo cual, lo echó sin miramientos a la calle.

En el frío suelo de piedra, dio a luz a su vengador de honor. Siendo niño, recibía los insultos de los demás niños que lo llamaban bastardo. Cuando cumplió los dieciocho años, ya era un hábil luchador en todas las artes de armas. Su avidez de conocimientos y versatilidad lo llevaron a ser un gran maestro autodidacta en el arte de la guerra.

Pero todavía tenía una espinita clavada en su corazón: el insulto de aquellos niños le dolía profundamente. Adoraba a su madre y no quería importunarla, pero tenía que saber sobre su origen.

Ella le contó la verdad: que era hijo del hijo menor del señor feudal, quien no había visto con buenos ojos que su benjamín se hubiera enamorado de una plebeya. En un duelo con el hijo mayor, lo mató y luego la violó cuando él aún no había nacido. Loco de dolor por el ultraje a su madre, se fue en busca de los herederos del señor feudal y, por consiguiente, del hombre que había violado a su madre.
 
Los encontró disfrutando del derecho de pernada con dos doncellas recién casadas. 
El hijo mayor con los pantalones bajados no tuvo tiempo de reaccionar lo ensarto atravesando su esternón con un sable usar el conde fue harina de otro costal aunque ya mayor era hábil en el manejo del florete le hirió en el brazo derecho pensando que con el brazo dominante herido tendría más posibilidades no sabía que nuestro héroe era ambidiestro lo sorprendió cuando cambió de mano el sable y lo decapitado con un funesto giro
Le llevo la cabeza del perpetrador de la violación a su madre que viéndose libre del yugo a la que la habían sometida abrazó y besó a su amado hijo el que había restablecido honor y el orgullo de su apellido.

No os he dicho el apellido, pero para mí es un orgullo llevar su apellido. Él se llamaba Alvar de Álvarez y yo soy su orgullosa cuatrinieta, y llevo con orgullo su apellido.

M. D. Álvarez

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