domingo, 22 de marzo de 2026

De camino a las duchas.

Casi siempre terminaba sus entrenamientos extenuado y sudoroso; por eso, disfrutaba de una cálida ducha que relajaba sus músculos. Ella lo sorprendió cuando iba de camino a las duchas.

Adoro cuando terminas de entrenar y estás sudoroso y excitado —le susurró al oído con aquella sonrisa pícara que lo desarmaba completamente, haciendo que se derritiera por ella. Su aliento caliente en su cuello le erizó la piel, y él contuvo un gemido.

—¿No puedes esperar a la noche? —preguntó sumiso, aunque sus manos ya se deslizaban hacia su cintura, traicionando sus palabras—. Aquí es peligroso, nos pueden pillar en cualquier momento —repuso con cautela, besándola tímidamente en el cuello

—De acuerdo, de esta noche no pasa —refirió ella con sutileza mientras acariciaba suavemente los atributos de él, que, victorioso, sabía que ella era la única que lo hacía sentirse vivo. Su mirada ardiente prometía más, mucho más, y él supo que no podría resistirse.

M. D. Álvarez 

sábado, 21 de marzo de 2026

Mi diosa.

¿Sabéis cuándo sentís que algo es verdaderamente divino? Lo idolatras, así se sentía él al verla a ella; su calidez, templanza y hermosura lo embargaban. Hasta el arrobamiento, se sentía transportado a un mundo lleno de amor y color.

Cuando ella apareció en su radar, sintió que ya no tenía que seguir buscando; ella sería su elegida.

Se embarcó en la mayor de sus aventuras: la conquista de la joven diosa, que al principio lo observaba con desidia. Solo veía a un joven que trataba de cortejarla con medios lo suficientemente poderosos como para hacerla vibrar.

Con el transcurso del tiempo, ella se fue encariñando con el joven, que seguía llevándole hermosos presentes y luchaba contra los que osaban ofenderla. Aquello la fue enamorando hasta que un día uno de aquellos bárbaros lo hirió de una puñalada en el corazón. Ella descendió de su pedestal y fulminó a aquel bárbaro que había dado muerte a su mayor defensor; se arrodilló al lado del joven que, con el último aliento, dijo: —Si tan solo necesitabas que entregara mi corazón para que descendieras de tu pedestal, lo habría hecho mucho antes".

Ella depositó su cálida mano sobre su pecho y, alzándolo con un suave beso, le otorgó lo que él más deseaba: una vida con su amada diosa, que lo ensalzó de la siguiente manera:

—Jamás dudé de tu valor, mi joven protegido. Desde hoy estarás a mi lado como mi pareja."

M. D. Álvarez

viernes, 20 de marzo de 2026

Esposas.

Se despertó atado a la cama y con su mejor amiga a su lado. No recordaba la noche anterior, pero ella parecía satisfecha.

Caraspeó y le susurró: —"¿Puedes quitarme las esposas?"

Ella abrió los ojos y lo miró con deseo.

—"No me voy a escapar", —dijo él con ironía.  

Ella se quitó la llave que llevaba al cuello y lo soltó.

—"Lo de ayer debió de ser apoteósico si has tenido que esposarme", —dijo él tratando de recordar.

—"No lo sabes tú bien. Lo hicimos en todos los sitios más inverosímiles que te puedas imaginar, hasta que te traje a mi cama y logré atarte. Disfruté con tus atributos y nos corrimos los dos. Sabes que eres inagotable y creo que podemos hacerlo otra vez", —dijo ella, subiéndose sobre él.

Él la miró, aún un poco aturdido, mientras su mente trataba de recuperar fragmentos de la noche anterior. La sonrisa traviesa de ella lo hacía sentir una mezcla de nervios y emoción.

—"¿En serio hicimos todo eso?" —preguntó, intentando recordar, pero solo podía imaginar escenas disparatadas llenas de risas y locura.

Ella se inclinó hacia él, su aliento cálido acariciando su piel. 

—"Sí, y si te portas bien, tal vez pueda dejarte recordar más," —dijo, guiñándole un ojo mientras comenzaba a desabrocharse la blusa, revelando un destello de piel que lo dejó sin palabras.

—"No sé si soy capaz de soportar otra ronda tan intensa," —respondió él con una sonrisa nerviosa. —"Aún me duele el cuerpo."

Ella se rió, su risa como música en sus oídos. 

—"Eso es solo una señal de que lo hicimos bien. Pero no te preocupes, tengo algunas ideas nuevas para esta vez," —dijo con complicidad, mientras se movía lentamente sobre él.

Él sintió un escalofrío recorrer su espalda. Mientras ella se acercaba más, las dudas comenzaron a desvanecerse. Quizás la noche anterior no había sido solo una locura; tal vez era el comienzo de algo más profundo entre ellos.

—"¿Y si esto cambia nuestra amistad?" —preguntó él, un poco más serio.

Ella lo miró a los ojos, su expresión cambiando a una más contemplativa.

—"A veces, Luzia," —dijo suavemente— "las mejores cosas surgen del caos. ¿Te atreves a descubrirlo conmigo?"

Él sonrió, sintiendo que el riesgo valía la pena. 

—"Definitivamente estoy listo para otra aventura," —respondió con determinación, mientras la abrazaba con fuerza.

La habitación se llenó de risas y promesas, mientras ambos se sumergían en un nuevo capítulo de su historia juntos.

M. D.Álvarez 

jueves, 19 de marzo de 2026

La mina de Llakaka.

Era la mayor mina subterránea de zafiros. La veta madre se encontraba a una profundidad de novecientos metros. Los túneles apenas se sostenían por las raquíticas vigas que sostenían los techos de las galerías. Él trabajaba en la galería número 68, tan solo con la fuerza de sus brazos y sirviéndose de su fiel pico, hollaba las frías paredes donde la veta madre soltaba grandes pedruscos de los más hermosos zafiros. 

Uno de aquellos pedruscos encerraba en su interior una preciosa piedra, pero lo extraordinario de aquella piedra fue lo que él halló en su interior: un hermoso zafiro con la forma de un corazón. Y lo más sorprendente de todo fue el tamaño del zafiro: medía de ancho 5.5cm, de largo 7cm y de profundidad 3.5cm. El zafiro ya tenía dueña: la diosa de su corazón.

Ella lo esperaba todas las noches, sentada en el porche. Al verlo venir con aquella cálida y dulce sonrisa, supo que había encontrado algo muy especial. Se arrodilló delante de ella, extendió los dos puños cerrados y le dijo: "Escoge". 

Ella tocó su puño derecho y él volteó el puño, mostrándole la hermosa piedra que había engarzado con un pequeño eslabón, donde enganchó una hermosa y fina cadena de la más pura plata.

Era un jefe ejemplar; bajaba a la mina con sus trabajadores, los tenía a todos asegurados con los mejores seguros médicos y unos sueldos astronómicos. Pero sus trabajadores eran los más cualificados y ninguno se dejaba sobornar por minas rivales. Él siempre los trató bien.

M. D. Álvarez 

miércoles, 18 de marzo de 2026

Hermano Marte. 2da parte.

El guijarro de rodio, al ser tocado por el joven, se activó con una tenue luz violácea. No era una piedra, sino una llave. El Regente explicó que los "sembradores de estrellas" eran antiguos arquitectos de la vida y que el rodio servía para convocarlos en momentos de gran necesidad.

La geobomba no solo había dañado la superficie, sino que había fracturado el núcleo del planeta, desestabilizándolo lentamente. Marte se estaba muriendo. La única esperanza era contactar a esos seres ancestrales.

La misión ya no era de explotación, sino de salvación. Una alianza entre dos mundos, guiada por la fe en una leyenda cósmica y en la esperanza que un joven héroe sostenía en la palma de su mano.

Adner se preguntó cómo podía comunicarse si tan solo era un simple humano. El Regente le respondió: —"No eres un simple humano; tu carácter noble y altruista te llevarán a superar todos los obstáculos que se presenten. En ti está nuestra esperanza y la de tu mundo.".

M. D. Álvarez 

martes, 17 de marzo de 2026

Hermano Marte.

¿Por qué dejamos de ir a Marte? Es una buena pregunta, pero la respuesta no es tan simple. Los vuelos privados del magnate cibernético Elon Shark querían terraformar nuestro hermano gemelo en una tierra rica en materiales nobles y raros de los que no disponemos en la Tierra. 

Lo que el magnate no divulgó fue que, bajo el subsuelo de Marte, se encontraron con una civilización arraigada en ancestrales costumbres de cuidar del mundo. No se le ocurrió otra cosa que tratar de destruir su cultura detonando una geobomba sísmica para aplastar a los pobladores de Marte. 

No contaban con que un joven observador de estrellas, gracias al observatorio astronómico del Teide, fuera testigo de la detonación de tal artefacto en Marte.

Elevó una protesta al Congreso de la ONU, que ordenó desmantelar las instalaciones en Marte y concedió a los marcianos el privilegio de cuidar de su mundo, aceptando la ayuda de los científicos para reconstruir sus maltrechas edificaciones.

El regente aceptó con una condición: deseaba conocer al joven que salvó su civilización.

Al cabo de diez meses, el regente pudo recibir al joven héroe que había antepuesto su civilización a la codicia del magnate. El rey le otorgó su bien más preciado: un gran guijarro de rodio, y le explicó que con aquel material ellos podían contactar con los sembradores de estrellas.

Continuará...

M. D. Álvarez 

lunes, 16 de marzo de 2026

Enana blanca.

El trabajo de él era determinante para localizar posibles estrellas a punto de implosionar, ya que debía colocar un gigantesco cargador para proveer de una gran cantidad de energía alternativa, puesto que en su mundo no les quedaba mucha materia de la que tirar para convertirla en energía.

Debía buscar estrellas binarias donde una de ellas fuera una enana blanca, ya que cuando esta implosionase, la energía que liberara sería extraordinaria y sería recogida en el gigantesco cargador. Él había localizado una justo en uno de los brazos de la galaxia Abell 1835 IR, ubicada en la constelación Canis Major. Le llevó más de 7 años localizar una enana blanca a punto de implosionar. Colocó el dispositivo de carga y regresó a la Tierra, donde su amada esposa lo esperaba con pasión.. 

Cuando lo localizaron en la órbita de Marte, supieron que había tenido éxito. En cuanto tomó tierra, fue recibido como un gran héroe, pero él solo la buscaba a ella. Cuando la divisó entre la muchedumbre, corrió hasta ella, la abrazó y la besó con dulzura.

A los pocos días, la sonda colocada junto al gigantesco cargador comenzó a enviar datos y más datos, hasta que, de pronto, un gran fogonazo en el cielo, que duró apenas quince segundos, dejó de transmitir. Tras esto, la energía irradiada por aquella explosión fue llegando a los dispositivos electrónicos; la Tierra volvía a ser un faro de civilizaciones en el universo, todo ello gracias a él.

M. D. Álvarez

domingo, 15 de marzo de 2026

El gemelo oscuro. 2da parte.

La puerta se cerró de golpe tras la salida forzosa del gemelo, pero la vibración de la amenaza y la lujuria desenfrenada parecían haberse quedado flotando en el aire de la habitación. Un silencio pesado se instaló entre ellos.

Ella, aún pálida y con el corazón latiéndole como un tambor de guerra, rompió el hielo con una voz que apenas era un susurro.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?—No había acusación en su tono, solo una profunda confusión y un atisbo de dolor.

Él, con los puños aún apretados y la mandíbula tensa, se acercó lentamente. Los ojos azul celeste que tanto amaba ahora estaban nublados por la angustia y la culpa.

—Porque esto—dijo, haciendo un gesto vago hacia la puerta—no es parte de mi vida. Es un error, una sombra de la que huí hace años. Quería proteger lo nuestro de... de esa parte de mí. De mi sangre—dijo mientras la tomaba de las manos—. Mi hermano no es solo problemático, es... un vacío. Devora todo lo bueno que toca. Y tú—su voz se quebró—tú eres lo más puro y bueno que tengo. La sola idea de que te mirara así... me enloquece.

Pero no soy un objeto que se pueda robar—murmuró, buscando la seguridad en su mirada—. Soy tuya porque así lo elijo cada día. Y ningún gemelo con ojos avellana puede cambiar eso.

—Lo sé, pero él no entiende de elecciones. Solo entiende de deseos. Y tú... eres irresistible —dijo, abrazándola con fuerza.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad...

El gemelo, con un moretón empezando a formarse en su mandíbula, caminaba con pasos largos y furiosos. Pero la rabia pronto dio paso a una sonrisa torcida y calculadora. Los ojos avellana brillaban con una luz peligrosa. La advertencia de su hermano no había sembrado miedo, sino que había avivado el desafío.

"Tan protector como siempre," pensó, recordando la ferocidad en los ojos azules de su hermano. "Eso lo hace predecible. Y la hace a ella... un trofeo aún más dulce."

Sacó su teléfono móvil. No iba a enfrentarse a su hermano directamente, no de inmediato. Era más inteligente que eso. La obsesión que había sentido al verla —su inocencia mezclada con una fuerza silenciosa— era un nuevo juego, el más interesante que había encontrado en años. Su hermano tenía un punto débil expuesto, y él era un experto en explotarlos.

M. D. Álvarez 

sábado, 14 de marzo de 2026

El gemelo oscuro.

Ella no sabía nada de que él tuviera un hermano, y mucho menos que fuera gemelo. Pero lo que no podía sospechar era por qué se lo ocultaba, hasta que los vio juntos. Él seguía siendo adorable y tierno con ella, pero su hermano gemelo la observaba con codicia, deseo y lujuria.

Solo había una forma de diferenciarlo de aquel salvaje: sus ojos eran distintos. Su amado tenía los ojos de un color azul celeste, y aquel brabucón los tenía de color avellana. Él no deseaba dejarla a solas con su gemelo; conocía los apetitos salvajes de su hermano. Si la hubiera perdido, aunque solo fuera un instante, su hermano la habría montado y saciado sus deseos carnales con ella.

Él sabía lo autodestructivo que era su hermano y lo protector que él era con ella, así que decidió expulsarlo de su territorio con una advertencia: si volvía por allí, lo despedazaría sin contemplaciones. .

Continuará....

M. D. Álvarez 

viernes, 13 de marzo de 2026

El rugido atronador.

Con sus hormonas desbocadas tras un enfrentamiento épico contra un batallón de soldados de élite, se sentía eufórico. 

La adrenalina fluía por sus venas cuando la vio; sus ganas de soltar toda su energía eran incontrolables, así que lanzó un rugido abrumador que la sorprendió gratamente. Ella se sentía atraída por su demostración de fuerza y poderío; la atraía como las polillas a la luz.

Su joven compañero, de todo menos cobarde, era dulce, amable y cortés con ella; en cambio, para los enemigos, era un auténtico adversario duro, inflexible y sanguinario.

Ella, todas las noches, lo lo envolvía en un torbellino de caricias y lo llenaba de besos; como locura, adoraba la buena disposición de su ardoroso compañero.

M. D. Álvarez

jueves, 12 de marzo de 2026

Líneas de pasión.

La huella de la palma de su mano era la única llave de su destino. Su línea de vida era interminable, pero no era tan larga como la de su destino. Una quiromántica le vaticinó un futuro dorado y lleno de aventuras.

Su suerte cambió al ver a aquella pelirroja de ojos verdes; su corazón estalló de pasión por ella. Sería su primera y única aventura. Después de que la quiromántica le leyera la mano, sus adorables e intensos ojos verdes lo subyugaban, haciendo que se convirtiera en su más férreo y sincero protector. Al parecer, ella quería algo más que un protector y se lo dejó claro cuando se tropezó con él.

—¿Tienes prisa, guapo? —dijo, colocando su mano sobre su pecho.

No sé a qué te refieres —respondió él en un hilo de voz apenas audible.

¿Te gustaría acompañarme? —susurró ella al oído.

Su corazón latía desbocado; ella era capaz de sumirlo en un deseo pasional inextinguible. La seguiría hasta el fin del mundo si se lo pedía.

—Ven conmigo, campeón —dijo ella, tomándolo de la mano. Lo guió hasta su dormitorio.

Una vez dentro, ella lo sentó en un sillón, comenzó a besarlo y tocarlo sin que él se pudiera resistir. Su piel morena y aterciopelada hacían de él un adorable y mimoso osito de peluche. Ella siguió acariciándole y, cuando llegó a su paquete, dijo:  

—Si hubiera sabido que estabas tan bien dotado, habría empezado por tu enorme paquete."  

Él se sintió verdaderamente azorado y excitado; las manos de ella eran un verdadero placer.

Mientras sus labios se encontraban en un vaivén ardiente, él sentía que el mundo exterior se desvanecía. La pelirroja lo envolvía en un torbellino de sensaciones que nunca había experimentado. Cada roce de su piel era como un rayo, electrificando cada fibra de su ser.

—Eres increíble —susurró él entre besos, sus palabras apenas audibles por la intensidad del momento.

Ella sonrió, con una chispa traviesa en sus ojos verdes. —Y aún no has visto nada. 

Con un movimiento ágil, ella se levantó y comenzó a desabrocharse la blusa, revelando una piel suave y bronceada que parecía brillar bajo la luz tenue del dormitorio. Él se quedó boquiabierto, incapaz de apartar la vista.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó ella con una sonrisa coqueta.

—Más de lo que puedo describir —respondió él, su voz temblorosa por la mezcla de asombro y deseo.

Ella se acercó, colocándose justo frente a él y dejando que sus manos exploraran su torso. Cada caricia era un fuego que lo consumía lentamente. Él se sintió atrapado en su hechizo, incapaz de resistirse a la tentación.

—Hoy es solo el principio —dijo ella, inclinándose hacia él. Sus labios rozaron los suyos nuevamente mientras sus manos seguían explorando. —Quiero que me muestres quién eres realmente.

Él sintió cómo su corazón latía con fuerza ante la invitación. Era como si ella pudiera ver más allá de su exterior; como si supiera que había más en él que solo un simple protector. 

Con determinación renovada, tomó su mano y la guió hacia él, atrayéndola más cerca mientras sus cuerpos se fundían en un abrazo ardiente. La conexión era palpable; no era solo deseo físico, sino una mezcla de anhelos profundos y secretos aún por descubrir.

—Eres más que solo una aventura para mí —murmuró él, sus ojos fijos en los de ella.

Ella sonrió con complicidad y respondió: —Entonces hagamos de esta noche algo inolvidable.

Con esas palabras resonando entre ellos, se sumergieron en un mundo donde el tiempo no existía y donde cada caricia prometía una nueva aventura por descubrir. Los dos sabían que estaban cruzando una frontera desconocida, pero esa incertidumbre solo alimentaba su pasión.

M. D. Álvarez 

miércoles, 11 de marzo de 2026

En las profundidades de la montaña.

Lo tenían atrapado en aquella cantera, aterido de frío. Su naturaleza salvaje lo volvía incontrolable; solo ella era capaz de calmarlo y hacer que retornara a su ser. Todos le dijeron que estaba loca por haberlo escogido a él como compañero y amante, pero no iba a permitir que lo exhibieran como a una bestia salvaje. 

Descendió a la cantera; su corazón bombeaba aceleradamente, pero no era miedo, era preocupación por su estado de desconcierto. Lo encontró escondido en uno de los túneles; su cuerpo, cubierto de una suave capa de pelo negro como el vantablack, estaba empapado. 

El agua estaba helada y su mirada azul celeste resaltaba sobre su capa de pelo. Se fue acercando con cuidado y mansedumbre; él jamás la había atacado porque siempre la trataba con ternura. 

Gruñó levemente, pero ella siguió avanzando lentamente. Sacó una gran manta y lo cubrió, frotándolo para secar su pelo. Él permanecía dócilmente agachado. Gruñendo suavemente, ella acarició la gran cabeza del lobo y él lamió suavemente su rostro.

—Ahora a ver cómo te saco de aquí, –dijo pensativa mientras lo acariciaba con dulzura. Él comprendió el lío en el que se había metido y, con un leve gesto de su gran cabeza, le indicó que había otra salida. El túnel donde se escondió se internaba en la gran montaña de granito. 

—Así que sabes salir de aquí, mi adorable licántropo —refirió ella con una gran sonrisa mientras rascaba su pecho con ternura. Él disfrutaba de las atenciones de ella con su expresión de inocencia  y la lengua fuera.

Se internaron en las entrañas de la montaña. Él iba abriendo camino, seguido por ella. Cuando llevaban algo más de dos horas, pudieron vislumbrar un resquicio de luz; era muy pequeño. Ella intentó mover las rocas, pero no lo logró. Él la puso a un lado y comenzó a sacar grandes rocas hasta abrir una abertura lo suficientemente grande como para que cabieran los dos. Le cedió el paso a ella, que dulcemente lo cogió de su gran garra.

—Los dos juntos, grandullón —dijo ella con una adorable sonrisa que lo calmó y tranquilizó, haciendo que su compañero y amante retornara a su estado normal, conservando sus intensos ojos azules.

M. D. Álvarez.

martes, 10 de marzo de 2026

La cueva de Voronia.

Era un territorio inexplorado: la mayor cueva bajo la corteza terrestre, la cueva de Voronia. Sus hobbies eran un tanto peculiares; le gustaba la espeleología, el rappel y el montañismo. Era un chico inquieto con grandes intereses en la naturaleza. Se había propuesto llegar al fondo de la cueva y mapearla. Era la primera cueva más profunda, con una profundidad de 2,224 metros.

Con su equipo de espeleología preparado, descendió por la oscura entrada de la cueva de Voronia. La humedad y el silencio lo rodeaban, creando una atmósfera casi mágica. A medida que avanzaba, las paredes se iluminaban con su linterna, revelando formaciones de estalactitas y extrañas criaturas que habitaban en la penumbra. Cada metro descendido era un desafío, pero su determinación lo impulsaba a seguir. 

Después de horas de descenso, llegó a un amplio salón subterráneo. Allí, el eco de su respiración resonaba en la inmensidad. Sacó su escáner de mapeo y comenzó a trazar cada rincón, sintiendo que estaba descubriendo un mundo oculto. 

Allí abajo perdía la noción del tiempo, así que se sorprendió al ver que alguien más bajaba. En cuanto la vio, supuso que había pasado más de una semana desde que bajó a las profundidades.

—¿Con que es aquí donde te escondes? —preguntó ella con una pícara sonrisa.

—No me escondo, te dejé una nota —respondió él—. Cuando tengo que pensar, vengo aquí y parece que mis pensamientos se aclaran.

M. D. Álvarez


lunes, 9 de marzo de 2026

Su leñador favorito.

Había errado el hachazo sobre el tronco seco de aquel enorme ciprés y se había hundido el hacha en su pierna, causándole una grave herida a la altura de la vena femoral profunda; casi se desangraba. 

De no haber estado ella, seguramente no lo habría contado. Mantuvo el hacha en la herida; si la hubiera retirado, él ya estaría muerto. Con ayuda de dos recios leñadores, lo trasladaron al hospital más cercano, donde pudieron reconstruir la vena femoral profunda; al menos no se había seccionado el nervio ciático. 

Le esperaba una buena temporada de descanso, pero ella no iba a permitir que regresara a su puesto hasta que estuviera al 100%. Él era su leñador favorito.

M. D. Álvarez 

domingo, 8 de marzo de 2026

Una mujer de bandera.

Era una mujer de bandera, autosuficiente e inteligente. Él no comprendía qué había visto en ella para pedirle una cita.

Él, todo un apuesto guerrero, se sentía cohibido por ella. Su mera presencia le hacía parecer un grano de arena en una playa cualquiera, pero ella lo enardecía y hacía que se creciera hasta cotas inimaginables.

Una noche, bajo el palio de un cielo cobrizo, él por fin entendió el misterio. No se trataba de una conquista, sino de un reconocimiento. Mientras ella hablaba con una elocuencia que silenciaba el ruido del mundo, él dejó de luchar contra su propia sombra.

Ella era todo para él, y él lo era todo para ella; la mujer lo veía como a un igual. Ella no buscaba a alguien que la protegiera, sino a un igual que no temiera su luz. En el reflejo de sus ojos, él ya no era arena; era la marea misma, rugiendo con una fuerza nueva, listo para conquistar horizontes que antes solo se atrevía a soñar.

M. D. Álvarez

Feliz 8 de marzo, chicas.

No son ángeles.

Bajo la luna de mármol, las estatuas de las olvidadas cobran vida. No son ángeles, sino espectros de seda y hollín que emergen de las grietas de la historia. 

Sus dedos, largos como agujas de coser, tejen un sudario de gritos silenciados que ahora estallan en el viento gélido.

En el jardín de los sauces llorones, las rosas no huelen a perfume, sino a hierro y libertad. 

Cada pétalo caído es un contrato roto con el silencio. Hoy, las damas de sombra no esperan rescate; han incendiado sus torres de marfil y caminan sobre las cenizas, soberanas de su propio abismo en busca de justicia para sus asesinos, aunque solo fuera justicia divina. Pero merecían un resarcimiento. 

M. D. Álvarez 

sábado, 7 de marzo de 2026

Bucle de pasiones.

Nos encontramos a nosotros mismos en aquel mar de dudas y desastres en el que habíamos estado viviendo y sucumbiendo en el mismo error, el único en el cual volvíamos a desafiar a los hados, dando rienda suelta a nuestra pasión más abrasadora. 

Esta vez, nos dimos cuenta de que estábamos habitando un bucle muy fácil. La intensidad de nuestro amor y la pasión con la que nos amábamos se convirtieron en una trampa que nos atenazaba hasta casi asfixiarnos. 

Nos llevó un tiempo darnos cuenta, pero por fin deseamos descansar y salir de aquel bucle interminable de pasiones mal contenidas. Nos dimos un tiempo y, si al finalizar seguíamos deseando lo mismo, nos dejaríamos atrapar por aquel ciclo sin fin de pasiones.

M. D. Álvarez 

viernes, 6 de marzo de 2026

La cabeza de cemento armado.

No los puedo dejar tirados, pensó, mientras su mirada se fundía a negro. Ella corrió a recogerlo antes de que su cuerpo cayera al suelo; había sufrido un impacto brusco en la cabeza e intentaba seguir consciente sin conseguirlo. 

Cuando despertó, se encontraba en una cama cálida. Junto a él estaban sus dos mejores amigos, que al verlo despertar, iluminaron sus rostros. Sabían que tenía la cabeza dura, pero aquel impacto con un bate de béisbol fue brutal. Ella lo miraba con una mezcla de amor y alivio. 

—Sigues teniendo la cabeza tan dura como el cemento armado —dijo ella, acariciando su melena.

M. D. Álvarez 

jueves, 5 de marzo de 2026

Sin ellos, nada tendría sentido.

—No los puedo dejar tirados, vociferoó  Sin ellos, nada de lo ocurrido tendría sentido. No habría conocido a Angie; se la habían presentado sus amigos, que conocían su personalidad tímida. Sí, fue una encerrona, pero lo hicieron por su bien. Sabían de su necesidad de ser feliz. Tenía un corazón noble y tierno, y siempre terminaba roto y ninguneado, pero ahora ella lo llenaba de felicidad. Regresó junto a ellos y los abrazó con fuerza.

—Gracias por todo, amigos míos —dijo sonriendo.

Ellos comprendieron lo mucho que le había costado y lo abrazaron. Eran amigos desde niños y lo vieron sufrir; ya tocaba ser feliz.

M. D. Álvarez 

miércoles, 4 de marzo de 2026

Luna llena de sangre.

—No los puedo dejar tirados, jalando de orgullo, y a pesar de sus heridas, logró levantarse y, renqueante, volvió al campo de batalla, donde sus amigos se defendían como podían. 

El grupo atacante no lo vio llegar, cosa que aprovechó; había anochecido y la luna llena estaba en lo alto. Aquello lo transformó en un aterrador licántropo que dio buena cuenta de los atacantes. Sus amigos lo creían muerto, por eso parecían asustados.  

—Tranquilos, soy yo. No podía dejaros así —dijo, esbozando una aterradora sonrisa. 

Ella se acercó con cautela y acarició su denso pelaje, consiguiendo traer de nuevo al joven que amaba con dulzura.

M. D. Álvarez 

martes, 3 de marzo de 2026

3 del 3 del 2026

Aquel eclipse total de luna hizo que su bestia interior saliera antes y prolongara su mutación por más tiempo. Era lo que más temía: cuanto más tiempo estuviera suelto el licántropo, más posibilidades habría de que la encontrara y la asesinara, sumiéndolo en un dolor eterno que jamás terminaría.

El bosque, sumido en una penumbra antinatural, parecía susurrar su nombre. Cada segundo de esta noche eterna reducía la distancia entre el monstruo y su presa. Si el alba no llegaba pronto, el último rastro de su alma moriría con ella.

El licántropo sentía cómo algo se debatía por salir; su alma humana luchaba por dominar su furia. Cuanto más se acercaba a ella, con más furia se debatía su alma humana. Sabía que, sin su alma gemela, la bestia destruiría todo lo que se cruzara en su camino.

Su naturaleza humana seguía luchando contra su naturaleza animal; debía mantenerla alejada de su amor hasta que el primer rayo de sol despuntara, devolviéndole a su estado humano. 

El calendario marcaba el 3 de marzo de 2026. Nadie en la ciudad sospechaba que, mientras los relojes avanzaban hacia la madrugada, un hombre se desgarraba por dentro para proteger lo que más amaba. El eclipse no era solo un fenómeno visual; era el cronómetro de una ejecución o de un milagro. El frío de esa noche de marzo calaba hasta los huesos, pero el calor de la sangre que latía en el bosque era lo único que mantenía al monstruo —y al hombre— en pie.

M. D. Álvarez 

lunes, 2 de marzo de 2026

​El rugido del Mustang.

—No los puedo dejar tirados, pensó para sí. Ellos nunca lo harían. Giró el volante en redondo, derrapando, y con un rugido de su Mustang, aceleró. 

Cuando lo vieron partir, el alma se les cayó al suelo. De pronto, un rugido y un claxon rompieron el silencio, haciendo que se apartaran de la pared justo a tiempo, pues un gran impacto tiró el muro, sembrando el desconcierto entre los captores. 

Abrió la puerta del Mustang y desenfundó sus pistolas Smith & Wesson, y con certeros balazos eliminó a los captores.

Sus amigos no daban crédito; había vuelto por ellos. —¿Cómo iba a dejarlos?, dijo sonriendo.

M. D. Álvarez 

domingo, 1 de marzo de 2026

No lo dudes.

No los puedo dejar tirados; no se lo merecen. Siempre han estado para mí cuando los he necesitado, como aquella vez que se vio acorralado por un grupito de veinteañeras que no cesaba de atosigarlo. Sus amigos no dudaron en ir a rescatarlo.  

Se lo debía; no sería un buen amigo si los dejaba a su suerte junto con Angie, la chica más maravillosa del grupo. 

No se lo perdonaría jamás, así que se dio la vuelta y dijo: —No os puedo dejar así como así; además, vosotros no lo haríais, ¿verdad?

El grupo de amigos lo miró y dijo al unísono: —No lo dudes.

M. D. Álvarez 

sábado, 28 de febrero de 2026

Un rumor.

Su melancolía lo estaba sumiendo en la más profunda de las tristezas. Ella lo había dejado por un equívoco que él cometió con una de sus mejores amigas cuando se ofreció a llevarla al ver que había bebido demasiado. 

Por mucho que se disculpó, no quiso saber nada de él hasta que lo vio sumido en una tristeza tal que quiso perdonarlo, hasta que la amiga envidiosa a la que acompaño le susurró: "Es un buen partido y está muy bien dotado". 

Aquello acabó destrozando la relación que se había fraguado durante años; no le perdonó sabiendo que nada ocurrió.

M. D. Álvarez 

viernes, 27 de febrero de 2026

Promesas en la tempestad. 2da parte.

Al entrar en la sala de mando, el ambiente se tornó serio. Los capitanes estaban reunidos alrededor de un mapa desgastado, sus rostros iluminados por la luz tenue de las lámparas. Las líneas del mapa trazaban una ruta peligrosa a través de aguas traicioneras y territorios desconocidos.

—Bienvenido, comandante, dijo el capitán Albert, señalando el mapa. —La ruta está llena de desafíos. Habrá tormentas y criaturas marinas que pondrán a prueba nuestras habilidades”.

—Lo sé, respondió él con voz firme, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a fluir en su cuerpo. —Pero hemos enfrentado adversidades peores. Lo que importa es mantenernos unidos y enfocados.

Mientras discutían los detalles de la misión, su mente seguía volando hacia ella. Imaginaba su sonrisa, el brillo en sus ojos cuando ella lo miraba. Esa imagen se convirtió en su faro, guiándolo a través de la oscuridad que acechaba en el horizonte.

—Comandante, interrumpió la capitana Myriam, sacándolo de sus pensamientos. —¿Cuál es nuestra estrategia para enfrentar las tormentas? Necesitamos un plan sólido.

—Las tormentas no nos detendrán, afirmó él con decisión. —Debemos ser rápidos y astutos. Si seguimos este curso y mantenemos el rumbo firme, podremos atravesarlas sin perder tiempo.

Los capitanes asintieron, motivados por su confianza. La conversación fluyó entre tácticas y preparativos, y mientras hablaban, él sentía que cada palabra era un paso más cerca de regresar a su amada.

La noche avanzó, y con cada hora que pasaba, la ansiedad crecía. Finalmente, el cielo se oscureció completamente, y las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer.

“¡Preparados para la tormenta!” gritó el comandante mientras se aferraba al timón. Las olas comenzaron a agitarse violentamente, pero él se mantuvo firme. “Recuerden: somos una tripulación unida. ¡No dejaremos que nada nos detenga!”

El barco luchó contra las embestidas del mar, pero él sentía que cada ola era un recordatorio de su promesa. Con cada golpe del agua contra el casco, reafirmaba su resolución: volvería a casa.

De repente, un grito alarmado resonó en el aire: “¡Criaturas en el agua!” 

El corazón le dio un vuelco al ver sombras emergiendo de las profundidades; criaturas marinas con escamas brillantes y ojos centelleantes rodeaban el barco.

“¡Defensas listas!” ordenó él con voz autoritaria mientras los hombres se preparaban para luchar.

Sin embargo, en lugar de entrar en pánico, recordó las historias sobre estas criaturas; eran guardianes del mar y podían ser aliados si se les abordaba con respeto.

“¡Esperen!” gritó por encima del estruendo del viento y las olas. “No estamos aquí para pelear; venimos en paz”.

Las criaturas se detuvieron momentáneamente, sus ojos brillando intensamente bajo la luz de la luna. Con un gesto decidido, levantó una mano hacia ellas como símbolo de paz.

“Buscamos un camino seguro hacia nuestra misión”, explicó con sinceridad. “Si nos permiten pasar, prometo honrar su dominio sobre estas aguas”.

Las criaturas intercambiaron miradas entre sí antes de acercarse lentamente al barco. El silencio era palpable mientras todos contenían la respiración.

Finalmente, una de las criaturas más grandes emergió del agua y habló con una voz profunda que resonó en sus corazones: “Si tu intención es noble y tu amor es verdadero, te permitiremos cruzar nuestras aguas”.

Con gratitud desbordante en su pecho, el comandante asintió solemnemente. Sabía que este encuentro no solo era una prueba para él sino también una señal de que su amor lo guiaba incluso a través de lo desconocido.

Continuará...

M. D.  Álvarez 

jueves, 26 de febrero de 2026

Perdido en un mar de dudas.

Era un guerrero fuerte y hábil, pero todavía creía en la inocencia de aquel mundo joven. A pesar del último desenlace, donde el mal floreció, él siguió creyendo que había inocencia en sus actos. 

Hasta que un día, su pareja fue brutalmente golpeada. Sintió que toda su inocencia desaparecía en un océano de dudas. Frente al cuerpo apaleado de ella, juró que no consentiría que el mal prevaleciera en su mundo; él se encargaría. 

Tras perder la inocencia, su corazón luchó con todas sus fuerzas hasta que no quedó ni una pizca de maldad en su mundo.

M. D. Álvarez 

miércoles, 25 de febrero de 2026

El pétalo y su rosa.

Un pétalo, tan solo, era menospreciado por las demás flores que conservaban todos sus pétalos. Sin embargo, este humilde pétalo fue el único que se sacrificó por el amor a su rosa..

 Decidió caer sobre una pequeña oruguita que se disponía a trepar al tallo de su amada rosa, de un rojo tan intenso como su propio corazón. Prefirió saltar sobre ella y evitar que subiera y devorara a su amada rosa. 

La pequeña oruguita, al ver el valor de aquel pétalo, decidió respetar a la hermosa rosa y se dirigió, ante el estupor de las que lo habían menospreciado, en dirección a ellas.

M. D. Álvarez

martes, 24 de febrero de 2026

Alzamiento de un nuevo ángel guardián.

Su legado estaba a punto de cumplirse en su lecho de muerte. A pesar de tener 35 años, la muerte lo encontró. Tenía a todos sus amigos y a su amada, que lo miraba con verdadera tristeza.

Él la llamó y ella se acercó, se sentó a su lado y escuchó sus últimas palabras.

—Mi amor, temo dejarte ahora que he cumplido mis designios en este mundo. Os echaré de menos a todos. Ahora que lo he logrado, tengo que emprender un nuevo reto: alzarme como un ángel guardián que os defenderá ante las tribulaciones. —Expiró y murió, dejándolos esperanzados.

M. D. Álvarez

lunes, 23 de febrero de 2026

Venderla cara.

Era su tierra; la vendería cara. No se consideraba un ser patriótico, pero con ella era capaz de debastar ejércitos. Su tierra, su piel, su cielo, sus ojos; por todo ello lucharía hasta morir. 

Nadie osaría hoyar sus verdes pastos ni mancillar sus suaves colinas. Su amada permanecería dichosa junto a él, su bravo licántropo de ojos verdes, que lucharía hasta morir por su amada de ojos celestes. 

Ella, su dueña, era la única patria a la que debía respeto y protección. Y el fiero guardián la amaba y defendía de las hordas amenazantes. Su tierra, mi tierra

M. D. Álvarez 

domingo, 22 de febrero de 2026

Ecos de un amor no dicho.

Todas aquellas palabras que nunca te dije por temor quedaron ancladas en mi corazón como arpones adheridos a mi alma dolorida, sin tu amor. 

Tú, la única regente de mi destino, ajena a mi amor, danzas a mi alrededor como la tierra al sol. Girando en sincronía, sin sentir mi latido. 

Sufro sin poder mostrar mis sentimientos con palabras, hasta que un día te fijaste en mi mirada herida y te apiadaste de mí. 

Tú, la verdadera dueña de todas mis palabras de amor no dichas por temor, ahora posees, en tu mirada, todas las palabras que mi miedo ahogó.

M. D. Álvarez

sábado, 21 de febrero de 2026

El estandarte de amor.

Amaba los vastos territorios vírgenes de su añorada patria. Allí dejó su hogar para conquistar tierras al otro lado de los mares. 

Cuando regrese a su amada tierra, lo recibirá como a un héroe que vuelve invicto, pero pocos conocerán su añoranza por dos verdes prados, aquellos que lo vieron nacer, crecer y convertirse en un gran guerrero, por los cuales las jóvenes perdían el corazón, sin saber que en su hogar ya había una hermosa doncella que lo esperaba anhelante. 

Lo vio aparecer por los agrestes bosques, montado en su brioso corcel; en sus brazos portaba el estandarte de ella.

M. D. Álvarez.

viernes, 20 de febrero de 2026

El mayordomo Bukowski.

En aquella buhardilla nunca nos faltaron la cerveza ni Bukowski, el leal mayordomo de la casa. Él debía rellenar la nevera con cervezas Tutankhamun, así de desprendido era el señorito con sus amigos. Pero aquella noche sería muy especial: había invitado a una chica por la que bebía los vientos. La agasajó con dulces viandas que Bukowski había preparado para la ocasión. 

Ella disfrutó de los aperitivos y la cerveza; la buhardilla, amueblada con gustos caros, era acogedora. 

Ella sabía a lo que iba: deseaba cazar al señorito. Utilizó sus armas de mujer y lo sedujo, llevándolo hasta la cama isabelina que se encontraba en el centro de la buhardilla.

M. D. Álvarez

jueves, 19 de febrero de 2026

​El amor que lo trajo de vuelta.

En aquella buhardilla nunca nos faltaron la cerveza ni Bukowski, y su melancolía lo llevó a casi sucumbir a ella por el amor perdido. Lo encontraron tirado en medio de la buhardilla, medio muerto y con un ejemplar de *El pájaro azul* en sus manos. 

Ella supo de inmediato que su rechazo lo llevó a encerrarse en aquella vetusta buhardilla, donde el abismo del dolor lo encontró, llevándolo hacia el mismo borde donde fue hallado, con apenas un hilo de vida. 

De no haber oído su voz, habría caído en la sima más oscura de la melancolía, dejándose morir por un amor no correspondido que finalmente lo fue.


M. D. Álvarez 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Mi amigo, el poeta maldito .

En aquella buhardilla nunca nos faltaron la cerveza ni Bukowski y sus poemas. Cuántas noches logró seducir a encantadoras jovencitas recitando los poemas melancólicos de su viejo amigo Charles Bukowski. Ellas terminaban sucumbiendo con la última frase de "El pájaro azul".

Él conocía los devaneos con el alcohol que terminarían matando a su buen amigo, el poeta maldito, que tantas noches había regalado a sus amigos en aquella destartalada buhardilla, donde, tras cada cerveza ingerida, su pluma fluía con pasión desmedida, guiándolo hacia el abismo sin fin de la melancolía. 

Tras su muerte, la buhardilla guardó el gran secreto: el profundo amor por la vida que tan injustamente lo trató.

M. D. Álvarez 

martes, 17 de febrero de 2026

Un Martedì Grasso.

La máscara veneciana era su distintivo. Cada vez que resolvía un caso anónimo, firmaba con su rúbrica, y en carnavales se hinchaba a firmar. Su talante era noble, pero en aquellas fechas se sentía especialmente desinhibido y no ponía su intelecto al servicio del bien, sino que se sentía oscuro y ansioso.

Una noche de carnaval, una cortesana enmascarada lo interceptó y susurró al oído: 

—Se quién eres y conozco tus dos mitades. Si quieres permanecer en el anonimato, ven a la plaza. San Marcos está media noche o daré a conocer tu verdadera identidad.

Se sentía turbado por la mujer; no conocía su rostro, pero ella parecía conocer su identidad. Acudió con su máscara a la plaza de San Marcos cuando las campanas anunciaban la hora bruja. ¡Cuál fue su sorpresa! Aquél día era Martedì Grasso y la plaza estaba abarrotada de nobles y cortesanas, cada cual con sus respectivas máscaras. ¿Cómo iba a reconocer a la mujer que lo había citado allí?

Una voz a su espalda lo alteró: —No te gires y ve hasta el Caffè Florian. 

Atravesaron  toda la plaza hasta llegar al lugar. Se sentaron en un reservado y allí se quitaron las máscaras. Él, un tanto sorprendido, vio que la cortesana no era otra que su secretaria, una adorable joven de ojos verdes que, con una gran sonrisa, le dijo: —Marcus, ¿a que no te diste cuenta de que era yo?

—¡Angie! ¿Pero cómo te has atrevido a asaltarme de esa manera a la mañana? —preguntó, herido en su amor propio.

—Oh, vamos, Marcus, siempre me ignoras y ni te das cuenta de que me gustas a rabiar. Solo me dejaste una opción y parece que he captado tu atención.

—Vaya, si la has captado —respondió Marcus con aquella sonrisa que alelaba a las mujeres—. ¿Quieres tomar algo? —preguntó Marcus, mucho más calmado.

—Pues mira, si un Spritz Veneziano, - respondió ella con su sonrisa encantadora.

Marcus fue a por las bebidas y regresó con el Spritz Veneziano para ella y un Hugo Spritz para él.

—Bueno, ¿qué te parece si, tras tomarnos las copas, nos perdemos en el bullicio del Martedì Grasso? -sugirió Marcus con aquella mirada azul celeste que era capaz de escudriñar los recovecos más oscuros del alma humana.

M. D. Álvarez 

lunes, 16 de febrero de 2026

Amor genuino.

Sus amigas eran unas auténticas lobas, pero él siempre fue cortés con ellas; nunca les dio pie a pensar que estaba interesado en algunas de ellas. Su único amor era ella; no quería agraviarla, así que se cuidaba mucho de mostrar solo interés por ella.

Era galante, cortés y dulce con ella, y se mostraba indiferente con el resto, que no cesaba de atosigarlo con roces y susurros.

A pesar de su indiferencia, las amigas de ella no se daban por vencidas. Cada día inventaban nuevas formas de llamar su atención, pero él permanecía imperturbable. Su corazón solo latía por ella, y cada gesto, cada palabra, estaba destinado a hacerla sentir especial.

Ella notó su incomodidad con sus amigas y las reunió en una de las muchas cenas de amigas y les pidió que dejaran de atosigarlo. Él había decidido y no habría vuelta de hoja.  

Las amigas, sorprendidas por su valentía, prometieron respetar su deseo. Con el tiempo, su amor floreció en un entorno más tranquilo. Él, aliviado, pudo expresar sus sentimientos sin interferencias. Juntos construyeron un vínculo profundo, sabiendo que las verdaderas amistades también apoyan los amores genuinos y sinceros." 

M. D. Álvarez 

domingo, 15 de febrero de 2026

El licántropo tierno.

Era un chico adorable, afectuoso, tierno y amoroso, pero tenía un defecto: era una criatura de la noche. De día, era cauto, gentil y educado. 

Ella no supo lo mucho que le gustaba hasta que lo siguió cuando lo vio adentrarse en el bosque. Lo vio retorcerse y convulsionar; su piel se desgarraba, abriendo paso a un adorable licántropo de sedoso y aterciopelado pelo que se dispuso a saciar sus instintos con las criaturas del bosque más oscuro. 

De pronto, oyó un crujido y se giró; la vio y supo que ella sería la indicada. Con ella podía ser tierno, adorable, afectuoso, amoroso y cariñoso; con el resto no se podía mostrar como tal, debía guardar las apariencias. 

Se acercó con docilidad hacia ella, que lo observaba con ternura. Él se agachó y se puso a su altura. Ella rozó suavemente su aterciopelada cabeza y él lamió con suavidad el dulce rostro de ella, que al contrario de lo que pensáis, adoraba las muestras de cariño de su compañero.

M. D. Álvarez 

sábado, 14 de febrero de 2026

Una historia de amor.

—¿Pero tú de qué pino te has caído, guallabero mío? -dijo ella al ver al hermoso mancebo que acababa de caerle en gracia.

El joven no sabía dónde meterse; era núbil en las lides del romance. Pero, con toda la calma de la que pudo hacer gala, cogió una hermosa flor y se la ofreció casi sin atreverse a mirarla.

—Pero qué tierno eres. Pero mis ojos están aquí, no ahí en el suelo.

—Lo que pasa, señorita, es que su mirada me embelesa y me derrite como un azucarillo —respondió el jovencito con un valor que no creía tener.

Ella rió con suavidad y dijo: —Mira tú por dónde nos ha salido poeta.

—No soy poeta, sino siervo de vuestro corazón, -respondió él con una dulzura que la desarmó.

—Siéntate conmigo, azucarillo, -dijo ella, que había visto el candor y la delicadeza en aquel encantador labriego.

Él se lo pensó un momentito, pero accedió a sentarse con la bella joven.

El atardecer, con sus tonos rojizos y anaranjados, hizo de aquella tarde una hermosa historia de amor entre un inexperto mozo y una encantadora doncella.

M. D. Álvarez

El primer baile. 2da parte.

Mientras el vals se deslizaba suavemente, la música envolvía a Marcus y Angie en un mundo solo para ellos. Cada giro y cada paso parecían acercarlos más, como si el resto del mundo se desvaneciera. Sin embargo, en el fondo de su mente, Marcus no podía evitar sentir una pequeña inquietud.

—¿Vienes aquí a menudo? —preguntó él, buscando un tema de conversación mientras la sostenía con firmeza.

—Es mi primer baile en esta ciudad —respondió Angie, su mirada chispeando con emoción—. Me mudé hace poco. Todo es nuevo para mí.

—¿Y qué te parece hasta ahora? —inquirió él con curiosidad.

—Es hermoso, pero también un poco abrumador —confesó ella—. A veces siento que todos me observan.

Marcus sintió una punzada de empatía. Sabía lo que era sentirse fuera de lugar. Pero había algo en ella que lo hacía querer protegerla.

—No te preocupes por ellos. Lo que importa es este momento —dijo él, sonriendo—. Y aquí estoy, solo para ti.

Angie rió suavemente, y por un instante, el mundo exterior desapareció por completo. Sin embargo, cuando la música comenzó a decaer, Marcus sintió que el tiempo se agotaba.

—Me encantaría continuar esta conversación —dijo él con sinceridad—. ¿Te gustaría salir a tomar algo después del baile?

Angie dudó un momento, sus ojos reflejando una mezcla de emoción y preocupación.

—Me encantaría, pero… no quiero que pienses mal de mí. Mis padres son un poco estrictos con respecto a salir con chicos que acabo de conocer.

La sinceridad en su voz hizo que Marcus sonriera aún más.

—Entiendo perfectamente. Tal vez podríamos encontrar una manera de hacer esto sin romper las reglas. ¿Qué tal si nos encontramos aquí mañana? Podríamos bailar nuevamente y conocernos un poco más.

Angie consideró la propuesta y finalmente asintió, su sonrisa iluminando su rostro.

—Me parece perfecto. Será nuestro pequeño secreto.

La música terminó y los aplausos estallaron a su alrededor. Mientras se separaban, Marcus sintió una chispa de anticipación en su interior. Había algo especial en Angie que lo atraía irremediablemente, y estaba decidido a descubrirlo.

Sin embargo, justo cuando se dio la vuelta para dejarla ir, notó una figura familiar al otro lado del salón: su hermana mayor, Clara, observándolos con una expresión de desaprobación. 

Marcus frunció el ceño; sabía que Clara nunca había sido fanática de sus elecciones románticas y esperaba que no interfiriera esta vez. Se giró hacia Angie antes de perderla entre la multitud.

—Hasta mañana entonces —susurró él suavemente.

Angie asintió, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y nerviosismo mientras se alejaba hacia la salida del salón.

Mientras tanto, Clara se acercó a él con paso firme.

—¿Quién era esa chica? No me digas que te has metido en problemas otra vez —dijo ella con tono severo pero preocupado.

Marcus suspiró; sabía que tendría que explicarle todo sobre Angie y su deseo de conocerla mejor. Pero también sabía que la verdadera batalla apenas comenzaba: ganar la aprobación de su hermana podría ser tan complicado como conquistar el corazón de Angie. 

Su hermana era excesivamente protectora con él; en el pasado, recogió los trozos de su corazón después de que una de las muchas novias de él se lo rompiera. Aunque Angie era diferente, le gustaba de veras y lucharía por ella, aunque ello le llevara a enfadar a su hermana mayor.

M. D. Álvarez 

El san Valentín de Luperco y la Luna.

¿Por qué celebramos el Día de los Enamorados y qué se celebraba antes? Pues bien, antes de celebrar San Valentín, se conmemoraba una fiesta, en teoría pagana, llamada Lupercalia, en honor al dios Luperco, protector de los rebaños, de la fertilidad y de la naturaleza salvaje.

Era hijo de Picus y de una ninfa del bosque. Según algunas leyendas, Luperco luchó contra los licántropos y fue herido por el licántropo regius, adquiriendo la facultad de transformarse en uno de ellos. Su amor por la hermosa diosa lunar, a la que los licántropos adoraban con devoción, fue tan grande que, tras desaparecer de la tierra, Luperco fue alzado al cielo por su abuelo Saturno, donde conquistó a la hermosa luna, que, mientras transitaba por los cielos, fijaba sus amorosos ojos en aquel tierno pastor. 

​Y desde aquel entonces, se dice que en las noches de febrero, cuando la luna brilla con una intensidad inusual, no es solo el reflejo del sol lo que vemos, sino la mirada de la diosa respondiendo al abrazo de Luperco.

​Los licántropos, sus antiguos devotos, ya no aúllan de terror o sed de sangre, sino de nostalgia por el líder que ascendió a lo más alto por amor. 

Con el paso de los siglos, la Iglesia transformó los antiguos ritos de fertilidad de la Lupercalia en la festividad de San Valentín, pero la esencia permanece intacta.

​Celebramos el Día de los Enamorados porque recordamos, quizás sin saberlo, aquel sacrificio: el del pastor que aceptó su bestia interior para proteger lo que amaba, y el de la luna que bajó su mirada al mundo para siempre. 

Por eso, cada 14 de febrero, cuando dos amantes se miran a los ojos, repiten el antiguo pacto entre el cielo y la tierra, bajo la protección silenciosa de aquel dios que una vez fue lobo, y que ahora es eterno

M. D. Álvarez 

El primer baile.

La vio en aquella escalera y ya no pudo apartar su mirada de ella. La siguió por todo el salón de baile; en un gesto de cortesía, le pidió un baile. La cogió por la cintura y bailó con ella, acaparando todos los bailes. Nadie más bailó con la chica más hermosa, y ella lo disfrutó; adoraba los agradables modos de caballerosidad de aquel apuesto joven.

—Mi nombre es Marcus Suton —se presentó.  

—Yo soy Angie O'Nel —respondió ella con una adorable sonrisa.

—Un placer, Angie —respondió él, besando su mano.

—Te he visto observándome —dijo ella, jugueteando con su cabello.

—Desde que te vi en la escalera, no he podido apartar la mirada de ti.

Continuará...

M. D. Álvarez 

viernes, 13 de febrero de 2026

Llave de carraca.

—No te han dicho que es de mala educación mirar fijamente, dijo él desde debajo de su Camaro.

—Y como sabes que te estoy mirando, preguntó ella jugueteando con una llave inglesa.

—Tengo un sexto sentido. Puedes pasarme una  llave de carraca de 1/4  dijo sacando la mano.

Ella se agachó,, apoyando la mano en el borde del Camaro mientras le pasaba la llave de carraca. 

—¿Así que tienes un sexto sentido? —dijo, sonriendo con picardía—. ¿Eso significa que puedes leer mentes también?

Él se echó a reír, sacando la cabeza del motor por un instante. 

—No, eso sería demasiado. Pero puedo notar cuando alguien se siente intrigado por mí.

Ella levantó una ceja, retadora.

—¿Intrigada? Puede que solo esté interesada en el coche.

Él se encogió de hombros, volviendo a concentrarse en su trabajo.

—El Camaro tiene su propio encanto, pero tú también lo tienes —respondió con sinceridad, sin apartar la vista del motor.

Ella sintió un ligero rubor en sus mejillas y se dio cuenta de que disfrutaba más de esta conversación de lo que había anticipado. Mientras él seguía trabajando, no pudo evitar curiosear un poco más sobre el coche.

—¿Qué le pasa exactamente? —preguntó, mirando las herramientas esparcidas a su alrededor—. ¿Lo estás restaurando?

Él asintió, su voz llena de pasión al hablar del auto.

—Sí, lo encontré en un taller abandonado hace unos meses. Era un desastre total, pero vi el potencial. Ahora estoy tratando de devolverle la vida.

Ella lo observó con admiración mientras él hablaba. Había algo atractivo en su dedicación y en la forma en que sus ojos brillaban al describir su proyecto.

—Me encantaría ayudarte —dijo de repente, sorprendiendo incluso a sí misma con la propuesta.

Él levantó la mirada, sorprendido.

—¿En serio? No muchas chicas se ofrecen a ensuciarse las manos con aceite y herramientas.

—Quizás no hay muchas chicas como yo —respondió ella con una sonrisa traviesa—. Pero me gusta aprender cosas nuevas. 

Con una chispa de complicidad en el aire, él le pasó otra herramienta. 

—Entonces, ¿qué quieres hacer primero? 

Ella pensó por un momento antes de responder:

—Podríamos empezar por limpiar este motor. Quiero ver cómo brilla al final.

Mientras trabajaban juntos, compartieron risas y anécdotas sobre sus vidas. Ella le contó sobre su amor por las motocicletas y él reveló su sueño de participar en una carrera de autos algún día. La conexión entre ellos creció más fuerte con cada palabra intercambiada.

De repente, mientras estaban absortos en su tarea, escucharon un ruido fuerte proveniente de la calle. Ambos miraron hacia afuera y vieron a un grupo de chicos riendo y señalando hacia ellos.

—Oh no —dijo ella con una mezcla de preocupación y diversión—. ¿Crees que nos están mirando?

Él frunció el ceño antes de soltar una risa despreocupada.

—No importa lo que piensen. Estoy disfrutando este momento contigo más que cualquier cosa que puedan decir.

Ella sonrió al escuchar eso y sintió que el día se tornaba aún más especial. La conexión que habían forjado durante esta inesperada tarde bajo el sol era innegable. 

Continuará...

M. D. Álvarez 

jueves, 12 de febrero de 2026

Campaña bélica.

Su nuevo comienzo fue el resultado de la propaganda bélica. Se alistó en las fuerzas especiales con el único motivo de proteger a su familia de los corpúsculos aberrantes del sistema caducado en el que vivían. 

Sus primeras órdenes lo llevaron al otro lado del mundo, donde la particular organización mafiosa del país decadente de turno llevaba a cabo terribles experimentos. Sus órdenes eran destruir el laboratorio y robar todos los informes de los experimentos realizados.

Él era tan solo un mandado, la punta de flecha que debía destruir a los enemigos del poder. 

A su regreso a casa, fue recibido como un héroe, aunque él no se sentía como tal; había cometido los peores actos con aquellas criaturas que no tenían culpa de nada, tan solo de ser objeto de experimentación.

M. D. Álvarez 

miércoles, 11 de febrero de 2026

El dragón y la unicornia.

En un rincón escondido del bosque, donde las flores cantaban con el viento y el sol pintaba el cielo de colores mágicos, vivían dos amigos muy especiales: Sven, el pequeño dragón de escamas doradas y alas púrpuras, y Elora, la unicornia bebé de melena azul y cuerno brillante.

Desde que se conocieron, su amistad creció como las flores que los rodeaban, llena de risas, aventuras y sueños compartidos. Cada mañana, se encontraban en el prado floreado para explorar juntos los secretos del bosque. Sven, con su fuego cálido y protector, cuidaba de Elora, mientras que Elora, con su magia pura y luz, iluminaba el camino cuando el sol se escondía.

Un día, mientras jugaban a esconderse entre las flores, descubrieron un sendero oculto que nunca antes habían visto. Decidieron seguirlo, guiados por la curiosidad y la emoción. El camino los llevó a un claro donde el arcoíris tocaba la tierra y un antiguo árbol susurraba historias olvidadas.

Allí, comprendieron que su amistad era un puente entre mundos distintos, una magia tan poderosa que podía traer armonía a todo el bosque. Con un brillo en sus ojos y un corazón lleno de esperanza, Sven y Elora prometieron proteger ese lugar especial y mantener viva la magia de su amistad para siempre.

Y así, bajo el cielo azul y el manto de flores cantoras, el dragón y la unicornia enseñaron a todos que la verdadera magia nace del cariño y la unión entre los seres más diferentes.

M. D.  Álvarez 

martes, 10 de febrero de 2026

Lengua animal.

Había descubierto una salida, pero estaba muy débil para poder huir. Solo podía hacer una cosa: filtrar por conductos ajenos a sus torturadores un mensaje. Se quitó el anillo de titanio que ella le regaló y, utilizando la lengua de la tierra, llamó a uno de sus hijos. 

Una pequeña ratita surgió por un agujero y se acercó a él, que extendió su mano izquierda. La pequeña criaturita se subió a su mano y lo miró con curiosidad. Él le colocó el anillo alrededor del cuello y le dijo en su lengua animal: "Ve en busca de mi amada y entrégale este anillo; ella te seguirá hasta mí". Le dio parte de la comida que sus carceleros le traían de vez en cuando. 

La pequeña ratita tomó un bocado y salió disparada por el agujero, fue en pos de la joven a la que debía entregar aquel anillo. 

Pasados dos días, el roedor encontró a la joven. Estaba acompañada de dos jóvenes que, al ver al roedor acercarse, quisieron aplastarlo, pero ella se percató del anillo que llevaba al cuello y los detuvo. .

"¿Qué tienes ahí, pequeña?" dijo ella, como si el roedor la comprendiera. Extendió su mano y se subió. Ella cogió el anillo y supo que él estaba en peligro. Dejando al pequeño roedor en el suelo, se dio cuenta de que debía seguirlo. 

El roedor la llevó a unos enigmáticos túneles en la selva. Se adentraron y descubrieron la base secreta donde lo torturaban sin piedad. Aprovecharon el cambio de guardia mientras ella le entregaba el anillo, diciéndole: "Ve y entrégaselo".

El roedor corrió por la base hasta la celda donde él sobrevivía malamente. Al ver a la pequeña ranita que traía su anillo, la cogió con sumo cuidado. El roedor, en su lengua animal, le dijo que sus amigos estaban al caer. 

Él guardaba una chocolatina y se la dio al roedor, que, viendo el gran corazón que aquel joven tenía, se quedó junto a él hasta que fue rescatado por sus amigos. Solo después de verlo a salvo, aceptó la deliciosa chocolatina.

M. D. Álvarez 

lunes, 9 de febrero de 2026

Un comienzo.

Hubo una vez, en los tiempos antiguos, cuando el sol abrasaba la joven tierra, que no podía protegerse de los abrasadores rayos del astro rey. La joven y primigenia tierra comenzó a evolucionar, creando de su abrasada corteza la primera especie de árbol ignífugo, que debía resistir los destructores rayos del joven sol. La primera especie de árbol arcaico, archaic aleppo abiete, cubrió la totalidad de la superficie de su amada madre, atrayendo meteoritos cargados de hielo estelar, que, con su llegada, aliviaron la todavía joven corteza de la tierra. 

Tal cantidad de meteoritos de frío hielo se posó sobre la hermosa y joven tierra que comenzaron a surgir océanos por doquier. La joven tierra, preñada de un áureo rayo de sol, tuvo dolores de parto y comenzó a convulsionar, haciendo que su noble corteza se alzara sobre las prístinas aguas. Sus valles se llenaron de nuevas especies de árboles que colonizaron sus mansos prados cubiertos por un manto de hierba azul.. 

Cuando la joven Tierra dejó de sentir los abrasadores rayos del sol, que por piedad menguó su ardor, sus primeras criaturas comenzaron a surgir de los vastos mares que circundaban su casi totalidad, haciendo brotar altos montes y mansos valles donde adorables criaturas pastaban juntas, por donde antes no había nada. Inmensas junglas fluían cuán marea viviente por valles y hondonadas, todo ello lleno de vida que pululaba por doquier. 

Allí donde la noble tierra alzaba su vista, crecían y nacían nuevas criaturas que adoraban a su progenitora. Hasta que llegamos nosotros, sus últimos hijos belicosos, que en vez de cuidar de ella, la herimos hoyando su sagrado cuerpo. Ella, pacientemente, va fraguando su venganza sobre nosotros, sus últimos hijos.

M. D. Álvarez 

domingo, 8 de febrero de 2026

Bajo el peso del silencio. 2da

Un par de noches después, Arthur se vistió de camuflaje y se pintó la cara con betún. Se ocultó bajo el porche del general y esperó a que el general volviera. Esperó un tiempo prudencial y se coló en la vivienda. Estaba a oscuras y en la habitación del fondo se oían ronquidos. Desembainó su bowie, dejó inconsciente al general y grabó en su frente la palabra "VIOLADOR". Había constatado que Angie no había sido la única; había abusado de otros cinco soldados. 

Después de aquella marca imborrable, no hubo ningún ataque más. El general fue destituido de su rango con deshonor..

Angie supo enseguida que Arthur había actuado llevando la justicia a su manera. En las siguientes maniobras, ella estaba como un clavo esperando sus órdenes. Al terminar las maniobras, ella se acercó cuidadosamente y le dio las gracias.

"No se merecen, era lo mínimo que podía hacer por ti, y más después de enterarme de que había violado a otras cinco soldados," dijo él cortésmente. "Te puedo invitar a cenar," preguntó ella tímidamente. "Sí, claro, pero fuera de la base," refirió él. "Te espero a las 20 en el restaurante Disfrutar," dijo ella sonriendo.. 

En cuanto la vio llegar, le dio un vuelco al corazón; estaba preciosa con aquel hermoso vestido rosa que realzaba su hermosa figura.

—Estás preciosa, Angie —dijo él, besándole la mano.

—¿Ya saben qué van a tomar? —preguntó el camarero.

—La especialidad del chef con maridaje al gusto del sommelier —dijo ella con visible emoción.

—Arthur, no sé cómo decirte esto, pero te va a sonar extraño. Sé que sientes algo por mí y quiero decirte que yo también siento algo muy profundo por ti. Sé que por tu rango no se te permite confraternizar con los soldados, pero necesitaba decirte que... te quiero.

Arthur asistía atónito a la confesión de ella. Cogió la copa en la que el sommelier había servido un Gaja Barbaresco, tomó un sorbo y percibió su sabor intenso y complejo, que en nariz ofrece notas de frutas maduras, dulces y recuerdos florales y especiados, acompañados por un bouquet balsámico. Aprobó la elección, alzó la copa y brindó.

—Por nosotros, que nada nos detenga, dijo con  una amplia sonrisa.

M. D. Álvarez