Por mucho que se disculpó, no quiso saber nada de él hasta que lo vio sumido en una tristeza tal que quiso perdonarlo, hasta que la amiga envidiosa a la que acompaño le susurró: "Es un buen partido y está muy bien dotado".
Aquello acabó destrozando la relación que se había fraguado durante años; no le perdonó sabiendo que nada ocurrió.
M. D. Álvarez
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