Era un chico adorable, afectuoso, tierno y amoroso, pero tenía un defecto: era una criatura de la noche. De día, era cauto, gentil y educado.
Ella no supo lo mucho que le gustaba hasta que lo siguió cuando lo vio adentrarse en el bosque. Lo vio retorcerse y convulsionar; su piel se desgarraba, abriendo paso a un adorable licántropo de sedoso y aterciopelado pelo que se dispuso a saciar sus instintos con las criaturas del bosque más oscuro.
De pronto, oyó un crujido y se giró; la vio y supo que ella sería la indicada. Con ella podía ser tierno, adorable, afectuoso, amoroso y cariñoso; con el resto no se podía mostrar como tal, debía guardar las apariencias.
Se acercó con docilidad hacia ella, que lo observaba con ternura. Él se agachó y se puso a su altura. Ella rozó suavemente su aterciopelada cabeza y él lamió con suavidad el dulce rostro de ella, que al contrario de lo que pensáis, adoraba las muestras de cariño de su compañero.
M. D. Álvarez
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