sábado, 14 de febrero de 2026

El san Valentín de Luperco y la Luna.

¿Por qué celebramos el Día de los Enamorados y qué se celebraba antes? Pues bien, antes de celebrar San Valentín, se conmemoraba una fiesta, en teoría pagana, llamada Lupercalia, en honor al dios Luperco, protector de los rebaños, de la fertilidad y de la naturaleza salvaje.

Era hijo de Picus y de una ninfa del bosque. Según algunas leyendas, Luperco luchó contra los licántropos y fue herido por el licántropo regius, adquiriendo la facultad de transformarse en uno de ellos. Su amor por la hermosa diosa lunar, a la que los licántropos adoraban con devoción, fue tan grande que, tras desaparecer de la tierra, Luperco fue alzado al cielo por su abuelo Saturno, donde conquistó a la hermosa luna, que, mientras transitaba por los cielos, fijaba sus amorosos ojos en aquel tierno pastor. 

​Y desde aquel entonces, se dice que en las noches de febrero, cuando la luna brilla con una intensidad inusual, no es solo el reflejo del sol lo que vemos, sino la mirada de la diosa respondiendo al abrazo de Luperco.

​Los licántropos, sus antiguos devotos, ya no aúllan de terror o sed de sangre, sino de nostalgia por el líder que ascendió a lo más alto por amor. 

Con el paso de los siglos, la Iglesia transformó los antiguos ritos de fertilidad de la Lupercalia en la festividad de San Valentín, pero la esencia permanece intacta.

​Celebramos el Día de los Enamorados porque recordamos, quizás sin saberlo, aquel sacrificio: el del pastor que aceptó su bestia interior para proteger lo que amaba, y el de la luna que bajó su mirada al mundo para siempre. 

Por eso, cada 14 de febrero, cuando dos amantes se miran a los ojos, repiten el antiguo pacto entre el cielo y la tierra, bajo la protección silenciosa de aquel dios que una vez fue lobo, y que ahora es eterno

M. D. Álvarez 

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