sábado, 14 de febrero de 2026

Una historia de amor.

—¿Pero tú de qué pino te has caído, guallabero mío? -dijo ella al ver al hermoso mancebo que acababa de caerle en gracia.

El joven no sabía dónde meterse; era núbil en las lides del romance. Pero, con toda la calma de la que pudo hacer gala, cogió una hermosa flor y se la ofreció casi sin atreverse a mirarla.

—Pero qué tierno eres. Pero mis ojos están aquí, no ahí en el suelo.

—Lo que pasa, señorita, es que su mirada me embelesa y me derrite como un azucarillo —respondió el jovencito con un valor que no creía tener.

Ella rió con suavidad y dijo: —Mira tú por dónde nos ha salido poeta.

—No soy poeta, sino siervo de vuestro corazón, -respondió él con una dulzura que la desarmó.

—Siéntate conmigo, azucarillo, -dijo ella, que había visto el candor y la delicadeza en aquel encantador labriego.

Él se lo pensó un momentito, pero accedió a sentarse con la bella joven.

El atardecer, con sus tonos rojizos y anaranjados, hizo de aquella tarde una hermosa historia de amor entre un inexperto mozo y una encantadora doncella.

M. D. Álvarez

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