viernes, 13 de febrero de 2026

Llave de carraca.

—No te han dicho que es de mala educación mirar fijamente, dijo él desde debajo de su Camaro.

—Y como sabes que te estoy mirando, preguntó ella jugueteando con una llave inglesa.

—Tengo un sexto sentido. Puedes pasarme una  llave de carraca de 1/4  dijo sacando la mano.

Ella se agachó,, apoyando la mano en el borde del Camaro mientras le pasaba la llave de carraca. 

—¿Así que tienes un sexto sentido? —dijo, sonriendo con picardía—. ¿Eso significa que puedes leer mentes también?

Él se echó a reír, sacando la cabeza del motor por un instante. 

—No, eso sería demasiado. Pero puedo notar cuando alguien se siente intrigado por mí.

Ella levantó una ceja, retadora.

—¿Intrigada? Puede que solo esté interesada en el coche.

Él se encogió de hombros, volviendo a concentrarse en su trabajo.

—El Camaro tiene su propio encanto, pero tú también lo tienes —respondió con sinceridad, sin apartar la vista del motor.

Ella sintió un ligero rubor en sus mejillas y se dio cuenta de que disfrutaba más de esta conversación de lo que había anticipado. Mientras él seguía trabajando, no pudo evitar curiosear un poco más sobre el coche.

—¿Qué le pasa exactamente? —preguntó, mirando las herramientas esparcidas a su alrededor—. ¿Lo estás restaurando?

Él asintió, su voz llena de pasión al hablar del auto.

—Sí, lo encontré en un taller abandonado hace unos meses. Era un desastre total, pero vi el potencial. Ahora estoy tratando de devolverle la vida.

Ella lo observó con admiración mientras él hablaba. Había algo atractivo en su dedicación y en la forma en que sus ojos brillaban al describir su proyecto.

—Me encantaría ayudarte —dijo de repente, sorprendiendo incluso a sí misma con la propuesta.

Él levantó la mirada, sorprendido.

—¿En serio? No muchas chicas se ofrecen a ensuciarse las manos con aceite y herramientas.

—Quizás no hay muchas chicas como yo —respondió ella con una sonrisa traviesa—. Pero me gusta aprender cosas nuevas. 

Con una chispa de complicidad en el aire, él le pasó otra herramienta. 

—Entonces, ¿qué quieres hacer primero? 

Ella pensó por un momento antes de responder:

—Podríamos empezar por limpiar este motor. Quiero ver cómo brilla al final.

Mientras trabajaban juntos, compartieron risas y anécdotas sobre sus vidas. Ella le contó sobre su amor por las motocicletas y él reveló su sueño de participar en una carrera de autos algún día. La conexión entre ellos creció más fuerte con cada palabra intercambiada.

De repente, mientras estaban absortos en su tarea, escucharon un ruido fuerte proveniente de la calle. Ambos miraron hacia afuera y vieron a un grupo de chicos riendo y señalando hacia ellos.

—Oh no —dijo ella con una mezcla de preocupación y diversión—. ¿Crees que nos están mirando?

Él frunció el ceño antes de soltar una risa despreocupada.

—No importa lo que piensen. Estoy disfrutando este momento contigo más que cualquier cosa que puedan decir.

Ella sonrió al escuchar eso y sintió que el día se tornaba aún más especial. La conexión que habían forjado durante esta inesperada tarde bajo el sol era innegable. 

Continuará...

M. D. Álvarez 

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