Un día, mientras exploraba un nuevo sendero, Luno escuchó un extraño murmullo que provenía de una cueva oculta entre las rocas. Intrigado, se acercó sigilosamente y asomó la cabeza por la entrada. Allí, encontró a un grupo de criaturas del bosque que parecían estar en apuros. Eran pequeños duendes con alas frágiles que intentaban liberar a uno de ellos atrapado bajo una piedra.
—¡Ayuda! —gritó el duende atrapado—. No puedo salir sin ayuda.
Luno sintió una oleada de valentía recorrer su cuerpo. Recordando las palabras de Seraphina sobre el poder del amor y la valentía, se acercó sin dudar.
—¡No te preocupes! —dijo Luno—. Voy a ayudarte.
Con todas sus fuerzas, empujó la piedra hasta que finalmente se movió lo suficiente para liberar al duende. Los demás duendes vitorearon y aplaudieron su valentía.
—Eres muy fuerte y valiente, pequeño lobito —dijo el duende liberado, agradecido—. Te debemos nuestra libertad.
Luno sonrió, sintiéndose orgulloso.
—Solo hice lo que cualquier amigo haría —respondió modestamente.
Los duendes, agradecidos por la ayuda de Luno, le ofrecieron un regalo especial: unas pequeñas piedras brillantes que capturaban la luz del sol y el reflejo de la luna.
—Estas son piedras de luz —explicaron—. Te ayudarán a encontrar el camino en la oscuridad y a protegerte en tus aventuras. Recuerda siempre que el verdadero poder está en tu corazón.
Con las piedras en su poder, Luno regresó a casa lleno de alegría y emoción. Al llegar, encontró a sus padres esperándolo con preocupación.
—¡Estábamos tan preocupados! —exclamó su madre—. Te extrañamos mucho.
Luno les mostró las piedras brillantes y les relató su aventura con los duendes. Sus padres escucharon con asombro y orgullo al mismo tiempo.
—Eres un verdadero héroe —dijo su padre abrazándolo—. Y esto es solo el comienzo de tus aventuras.
Esa noche, mientras miraba las estrellas desde su ventana, Luno sintió que algo grande estaba por venir. Con cada nuevo día, se daba cuenta de que no solo era un lobito; era parte de algo mucho más grande: una historia llena de magia, amor y valentía que apenas comenzaba a escribirse.
M. D. Álvarez
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