martes, 10 de febrero de 2026

Lengua animal.

Había descubierto una salida, pero estaba muy débil para poder huir. Solo podía hacer una cosa: filtrar por conductos ajenos a sus torturadores un mensaje. Se quitó el anillo de titanio que ella le regaló y, utilizando la lengua de la tierra, llamó a uno de sus hijos. 

Una pequeña ratita surgió por un agujero y se acercó a él, que extendió su mano izquierda. La pequeña criaturita se subió a su mano y lo miró con curiosidad. Él le colocó el anillo alrededor del cuello y le dijo en su lengua animal: "Ve en busca de mi amada y entrégale este anillo; ella te seguirá hasta mí". Le dio parte de la comida que sus carceleros le traían de vez en cuando. 

La pequeña ratita tomó un bocado y salió disparada por el agujero, fue en pos de la joven a la que debía entregar aquel anillo. 

Pasados dos días, el roedor encontró a la joven. Estaba acompañada de dos jóvenes que, al ver al roedor acercarse, quisieron aplastarlo, pero ella se percató del anillo que llevaba al cuello y los detuvo. .

"¿Qué tienes ahí, pequeña?" dijo ella, como si el roedor la comprendiera. Extendió su mano y se subió. Ella cogió el anillo y supo que él estaba en peligro. Dejando al pequeño roedor en el suelo, se dio cuenta de que debía seguirlo. 

El roedor la llevó a unos enigmáticos túneles en la selva. Se adentraron y descubrieron la base secreta donde lo torturaban sin piedad. Aprovecharon el cambio de guardia mientras ella le entregaba el anillo, diciéndole: "Ve y entrégaselo".

El roedor corrió por la base hasta la celda donde él sobrevivía malamente. Al ver a la pequeña ranita que traía su anillo, la cogió con sumo cuidado. El roedor, en su lengua animal, le dijo que sus amigos estaban al caer. 

Él guardaba una chocolatina y se la dio al roedor, que, viendo el gran corazón que aquel joven tenía, se quedó junto a él hasta que fue rescatado por sus amigos. Solo después de verlo a salvo, aceptó la deliciosa chocolatina.

M. D. Álvarez 

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