Su legado estaba a punto de cumplirse en su lecho de muerte. A pesar de tener 35 años, la muerte lo encontró. Tenía a todos sus amigos y a su amada, que lo miraba con verdadera tristeza.
Él la llamó y ella se acercó, se sentó a su lado y escuchó sus últimas palabras.
—Mi amor, temo dejarte ahora que he cumplido mis designios en este mundo. Os echaré de menos a todos. Ahora que lo he logrado, tengo que emprender un nuevo reto: alzarme como un ángel guardián que os defenderá ante las tribulaciones. —Expiró y murió, dejándolos esperanzados.
M. D. Álvarez
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