Tú, la única regente de mi destino, ajena a mi amor, danzas a mi alrededor como la tierra al sol. Girando en sincronía, sin sentir mi latido.
Sufro sin poder mostrar mis sentimientos con palabras, hasta que un día te fijaste en mi mirada herida y te apiadaste de mí.
Tú, la verdadera dueña de todas mis palabras de amor no dichas por temor, ahora posees, en tu mirada, todas las palabras que mi miedo ahogó.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario