lunes, 23 de febrero de 2026

Venderla cara.

Era su tierra; la vendería cara. No se consideraba un ser patriótico, pero con ella era capaz de debastar ejércitos. Su tierra, su piel, su cielo, sus ojos; por todo ello lucharía hasta morir. 

Nadie osaría hoyar sus verdes pastos ni mancillar sus suaves colinas. Su amada permanecería dichosa junto a él, su bravo licántropo de ojos verdes, que lucharía hasta morir por su amada de ojos celestes. 

Ella, su dueña, era la única patria a la que debía respeto y protección. Y el fiero guardián la amaba y defendía de las hordas amenazantes. Su tierra, mi tierra

M. D. Álvarez 

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