viernes, 27 de febrero de 2026

Promesas en la tempestad. 2da parte.

Al entrar en la sala de mando, el ambiente se tornó serio. Los capitanes estaban reunidos alrededor de un mapa desgastado, sus rostros iluminados por la luz tenue de las lámparas. Las líneas del mapa trazaban una ruta peligrosa a través de aguas traicioneras y territorios desconocidos.

—Bienvenido, comandante, dijo el capitán Albert, señalando el mapa. —La ruta está llena de desafíos. Habrá tormentas y criaturas marinas que pondrán a prueba nuestras habilidades”.

—Lo sé, respondió él con voz firme, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a fluir en su cuerpo. —Pero hemos enfrentado adversidades peores. Lo que importa es mantenernos unidos y enfocados.

Mientras discutían los detalles de la misión, su mente seguía volando hacia ella. Imaginaba su sonrisa, el brillo en sus ojos cuando ella lo miraba. Esa imagen se convirtió en su faro, guiándolo a través de la oscuridad que acechaba en el horizonte.

—Comandante, interrumpió la capitana Myriam, sacándolo de sus pensamientos. —¿Cuál es nuestra estrategia para enfrentar las tormentas? Necesitamos un plan sólido.

—Las tormentas no nos detendrán, afirmó él con decisión. —Debemos ser rápidos y astutos. Si seguimos este curso y mantenemos el rumbo firme, podremos atravesarlas sin perder tiempo.

Los capitanes asintieron, motivados por su confianza. La conversación fluyó entre tácticas y preparativos, y mientras hablaban, él sentía que cada palabra era un paso más cerca de regresar a su amada.

La noche avanzó, y con cada hora que pasaba, la ansiedad crecía. Finalmente, el cielo se oscureció completamente, y las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer.

“¡Preparados para la tormenta!” gritó el comandante mientras se aferraba al timón. Las olas comenzaron a agitarse violentamente, pero él se mantuvo firme. “Recuerden: somos una tripulación unida. ¡No dejaremos que nada nos detenga!”

El barco luchó contra las embestidas del mar, pero él sentía que cada ola era un recordatorio de su promesa. Con cada golpe del agua contra el casco, reafirmaba su resolución: volvería a casa.

De repente, un grito alarmado resonó en el aire: “¡Criaturas en el agua!” 

El corazón le dio un vuelco al ver sombras emergiendo de las profundidades; criaturas marinas con escamas brillantes y ojos centelleantes rodeaban el barco.

“¡Defensas listas!” ordenó él con voz autoritaria mientras los hombres se preparaban para luchar.

Sin embargo, en lugar de entrar en pánico, recordó las historias sobre estas criaturas; eran guardianes del mar y podían ser aliados si se les abordaba con respeto.

“¡Esperen!” gritó por encima del estruendo del viento y las olas. “No estamos aquí para pelear; venimos en paz”.

Las criaturas se detuvieron momentáneamente, sus ojos brillando intensamente bajo la luz de la luna. Con un gesto decidido, levantó una mano hacia ellas como símbolo de paz.

“Buscamos un camino seguro hacia nuestra misión”, explicó con sinceridad. “Si nos permiten pasar, prometo honrar su dominio sobre estas aguas”.

Las criaturas intercambiaron miradas entre sí antes de acercarse lentamente al barco. El silencio era palpable mientras todos contenían la respiración.

Finalmente, una de las criaturas más grandes emergió del agua y habló con una voz profunda que resonó en sus corazones: “Si tu intención es noble y tu amor es verdadero, te permitiremos cruzar nuestras aguas”.

Con gratitud desbordante en su pecho, el comandante asintió solemnemente. Sabía que este encuentro no solo era una prueba para él sino también una señal de que su amor lo guiaba incluso a través de lo desconocido.

Continuará...

M. D.  Álvarez 

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