martes, 4 de marzo de 2025

El peregrino soñador.

Eddin Ben Jafer vive en la aldea de Sinnüris, al sur de El Guiza, junto a la antigua ciudad de Tikupaht*.

Tiene la tez morena, ojos castaños y pelo negro azabache. No es rico, pero posee un puesto de perfumes en el mercado de Al Jizah, que le da para vivir y alimentar a su mujer Amina y a sus dos hijos Yacub y Abdullah.

Profesa la religión musulmana y todos los días se dirige a la máschid*, de la gran ciudad de Al Fayyüm.

Un día cuando se encontraba orando, oyó una voz que le decía:

- Eddin debes peregrinar a la ciudad santa de Makkah*, debes realizar la Hichra*.

Eddin se sintió desplazado a otro lugar, pero cuando se dio cuenta, estaba en la misma máschid de Al Fayyüm. Sorprendido, miro a su alrededor, para ver quien le había hablado. Al no ver a nadie, salvo a los allí orantes y al muecín que no hicieron ademán de haberle dirigido la palabra. Volvió a su casa, donde le contó a su mujer Amina, lo que le había pasado y esta a su vez le contó que había tenido un sueño muy extraño. En el que Eddin se encontraba ante la Kaaba*, que ya no era negra, sino que irradiaba un gran resplandor de luz, que hacia fulgurar a toda la Makkah.


Eddin se decidió por fin; realizaría el gran viaje a la ciudad santa de los musulmanes. Tenia que ver la Kaaba, para saber que significaba el sueño de su esposa y aquella voz.

Pero para tan larga peregrinación necesitaría mucho dinero, así que la pospuso para el próximo año. Que seria el año mil de la era musulmana y seria el mas adecuado para realizarla, ya que asistirían miles, quizás millones de peregrinos y el seria uno de ellos.

* Mirar glosario al final

Eddin trabajó arduamente en su puesta de perfumes de la ciudad de Al Jizah, trabajaba noche y día en la creación de nuevos perfumes que agradasen a su clientela, pues sabia que eran personas importantes y pagarían lo que fuera por un buen perfume de rosas, lirios o azucenas. Los suyos eran los mejores de todo el mercado y los alrededores, ya que cuando Eddin trabajaba, ponía todo su empeño en conseguir nuevas esencias mucho más fragantes y frescas.
 Una vez ahorrado lo suficiente, para realizar la hichra, comenzó los preparativos para partir hacia la ciudad de Al Madïnah*.
 
La primera jornada realizo la travesía de Sinnüris a Al Qahirah*, en cuyo mercado compro las provisiones necesarias para emprender las siguientes jornadas.
 
En la segunda y tercera jornada, cubrió la distancia que separa Al Qahirah de An’ Nakhl, en el istmo del Sinä’. Durante estas dos jornadas todo fue muy tranquilo o incluso algo aburrido.

Sólo a partir de la cuarta jornada comenzó a cruzarse con peregrinos que volvían de Makkah, pero estos no cumplían con la ley no realizaban la peregrinación en el último mes del año musulmán

Atravesó el Sïnä’con una caravana, que venia desde Al Khartü, una ciudad nubia muy apegada a la religión musulmana. A la cabeza de la caravana iba el efendi* Jabal Ben Sahrä, que le permitió acompañarles hasta la ciudad de Al Madïnah, con la posibilidad de emprender otra travesía hasta la ciudad sagrada de la Makkah.

Eddin se sintió muy complacido, por el ofrecimiento del efendi Jabal, ya que no se presentaría otra oportunidad de ir seguro hasta la Makkah. Según había oído otros peregrinos no habían tenido tanta suerte habían sido recogidos por otras caravanas que los golpearon y robaron, dejándoles tirados en pleno desierto sin ropas y sin víveres

Pero el efendi, era un ferviente creyente, que cumplía con la ley del Qáraa al pie de la letra también practicaba las Columnas del Islam* y sabia que todo peregrino es un creyente ducho en el Qáraa*.

Durante la octava jornada acamparon en Tabük, tras un día de viaje agotador. Al realizar la oración de medianoche, sintió lo mismo que en la máschid de Al Fayyüm, de nuevo esa voz que le martilleaba en su cabeza.

- “Eddin, tu serás llamado por todos mis hijos, Yálah Ben Jeper*, el nuevo Mahdí*. Pero antes deberás besar la Kaaba, sólo cuando la hayas besado sabrás lo que quiere significar tu nombre. No deberás decirle a nadie, nada de lo que te he dicho”.

El efendi, agradecía la buena disposición de Eddin, para poner en práctica una de las muchas costumbres musulmanas.

Todas la noches tras la oración del anochecer, se sentaban ambos al amor de la lumbre, y discutían sobre los preceptos del Nabí* Muhámmad* y de las vicisitudes de la creación.

Estas discusiones, duraban hasta altas horas de la madrugada, tras las cuales Eddin se tumbaba bajo las estrellas, observando el cielo raso cuajado de estrellas y se preguntaba cual seria su origen.

Al igual que muchas otras veces, en el transcurso del viaje, se había preguntado, la razón de que aquella voz le hablase a él. Pero las respuestas se le escapaban, cuando se quedaba profundamente dormido.

Entre Qal’ at al Mu’ Azam y Ad Där al Hamrä, en el wadhih* de Qalibath, la caravana fue atacada por los temidos bedaui*, pero estos se encontraron con una escolta magníficamente arengada por el efendi Jabal, que combatía como un tigre, gracias a su valor los bedauis fueron vencidos,

Estos, eran una de las tribus nómadas, que pueblan el desierto. Son el terror de peregrinos y caravanas, que se aventuran solos en el desierto. Son sanguinarios y crueles, todos aquellos que caían en sus manos, no volvían para contarlo, ya que desaparecían en el desierto, quizás asesinados o muertos de insolación o hambre,

El resto del viaje transcurrió sin contratiempos el efendi y Eddin se apreciaban mutuamente. Una vez en Al Madïnah, observo como el efendi daba zakat* a todo mendigo y peregrino hambriento. Eso, a los ojos de Allah*, era un acto de amor y respeto.

Eddin continuo con la misma caravana, que ahora se dirigía hacia la ciudad de At Tä’if, a unos setenta y cinco kilómetros al oeste de Makkah.

A tan solo un día de Makkah se encuentra la ciudad de Jiddah, en cuyas puertas se agolpan millares de peregrinos y pordioseros, que se pelean, por un mendrugo de pan que llevarse a la boca.

Eddin, se hospedo en casa de un familiar del efendi, que lo colmo de comodidades y le vistió con ropas nuevas. Abdul, que así se llamaba, era una buena persona. Permaneció en su casa por lo menos una semana, para descansar de tan largo y agotador viaje.

Pero a Eddin, le resultaba muy pesado, cargar con su persona una familia tan agradable y creyente, además esa semana le pareció una verdadera eternidad, debía partir cuanto antes.

Tenia que cumplir, lo que le había dicho la voz. Así que, se despidió con un fuerte abrazo, de su buen amigo Jabal, prometiéndole pagarle su ayuda, a la vuelta de su visita a Makkah.

Y partió hacia la ciudad santa, que parecía un hervidero de gentes, todas ellas eran peregrinos, como Eddin. Eran como una gran ola, que invadía toda la Makkah e iban en una sola dirección, hacia el Templo de Al-Haram.
 Por fin estaba ante el gran templo, en cuyo interior se halla la Kaaba y el Pozo Zamzam. Todo ello cubierto, con un pabellón de seda negra.

Según cuentan las tradiciones musulmanas, la Kaaba fue edificada por Adán y reconstruida, tras su destrucción por el diluvio, por Abraham. También ciertas leyendas nos dicen, que en el interior de la Kaaba, se hallan las dos lágrimas de Allah y que el pozo Zamzam fue la herida que le causaron los hombres cuando se apartaron del buen camino.

Al fin, Eddin se encontraba ante el pabellón de seda negra, ante su destino y se encamino hacia el. Según se iba aproximando, sentía que sus piernas se negaban a seguirle, pero debía hacerlo, así que se armo de valor y fue realizando las siete vueltas alrededor de la Kaaba, al concluir la séptima, se introdujo en el lugar mas sagrado del Islam.

Cuyo interior estaba bañado de un resplandor, que procedía del interior de un receptáculo. La habitación se encontraba lujosamente ornamentada, con filigranas en plata, sobre un fondo de oro bruñido, rociado de perlas negras.

En el centro de del receptáculo, se encuentran los dos objetos de culto, mas venerados de todo el Islam. Las dos Lágrimas de Allah. La Piedra Negra y la Piedra Blanca.

Las dos piedras se encuentran ingrávidas, en el centro del receptáculo, el cual esta primorosamente labrado en oro acrisolado. Nada parecía retenerlas, flotando como dos pompas etéreas.

Eddin no podía distinguir sus formas, porque irradiaban un resplandor, que cegaba a todo el que entraba en la Kaaba, por eso, todos lo peregrinos besaban la piedra negra, porque no veían la blanca.

Eddin, se acerco protegiéndose; los ojos con el brazo, y besó primero la piedra blanca, después la piedra negra. Al contrario, de cómo lo venían haciendo los demás peregrinos, que solo besaban; la Piedra Negra.

Tras besarlas, la habitación se fundió en una luminosidad tan cegadora, como el crisol, que no cesaría jamás. Al fin había ocurrido lo anunciado por los Nabí tiempo atrás, mucho antes que la llegada del Nabí Muhámmad, que también lo anuncio.

-“Llegara un día, en el que un peregrino soñador bese las dos piedras. Su amor hacia Allah, será tan grande y profundo, que iluminara a las naciones enteras, los que la vean, no podrán apartar su vista de ella y la seguirán donde esta les lleve. Su luz partirá desde el corazón de Allah, que estará en la Kaaba. Todos los pueblos se unirán, en torno al nuevo Mahdí, que predicará la paz entre los pueblos y el amor eterno a Allah. Su nombre será Yalah Ben Jeper y sus fieles, vendrán de todos los confines de la tierra, serán tan numerosos como estrellas pueblan el cielo, pero el más humilde de sus fieles será un efendi venido de las oscuras tierras de Nubia. El cual dará su fortuna, a los pobres necesitados hijos de Allah, convirtiéndose, en el mas humilde y amado de los siervos de Yalah”.

La vida de Yálah, transcurrió pacifica, fue un magnifico padre. A su muerte le sucedió su hijo Yacub, el primogénito, al cual había inculcado, con mucho amor la creencia de que Allah, es el dios de todos los pueblos, solo que unos lo conocen con uno u otro nombre, pero al final, son todos uno.
 Yalah murió en el mes de Duhiya, el mes de la pascua grande, a la edad de 199 años, junto a el estaban sus treinta y tres hijos, sus tres esposas, entre ellas la primera, Amina su favorita, también el mas humilde de sus fieles, Jabal recibió la bendición del nabí.

Aquí termina la historia del peregrino soñador, que un día hizo caso de una voz y se convirtió, en el nuevo Nabí, de los hijos de Allah.


Glosario
Traducción de términos árabes y algunos significados:
  Tikupaht: Casa de Phat. Menfis.
  Máschid: Mezquita. Adoratorio.
  Makkah: La Meca.
  Hichra: Hégira. Huida. Peregrinación a la Meca.
  Kaaba: Caaba. Cubo o caja.
  Al Madïnah: Medina. La ciudad.
  Al Qahirah: El Cairo. La Victoriosa.
  Efendi: Señor.
  Qáraa: Corán. Proclamar, pregonar, leer.
  Islam: Salvación.
  Columnas del Islam: Cinco reglas que han de cumplir todo buen musulmán y son las siguientes:
   Shahada: Afirmación que se recita en ocasiones especiales: “No hay mas dios que Allah; Muhámmad es el enviado de dios
   Sala: Son las cinco oraciones realizadas a lo largo del día.
   Sawm: Ayuno realizado en el mes de Ramadán.
   Zakat: Limosna dada a los pobres.
   Hichra: Mirar significado arriba.
  Yálah Ben Jeper: Hijo de Allah, el que hace renacer el Sol.
  Mahdí: El guiado por Dios.
  Nabí: Profeta.
  Muhámmah: Mahoma.
  Wadhih: Oasis.
  Zakat: el significado aparece en las Columnas de Islam.
  Allah: El Único.


M.D. Álvarez


Luchadores Siamés.

En aquella pecera se había fraguado un conflicto territorial entre dos peces luchadores de Siam. Su ferocidad y mala baba los hacían incompatibles para convivir en un mismo acuario. Las hembras, revueltas, no se decantaron ni por uno ni por otro. 

Los dos luchadores siameses se lanzaban dentelladas que herían sus hermosas aletas. 

Pudo ser peor, ya que el ser gigantesco que lo observaba todo sacó a uno de los dos contrincantes, al que peor estaba, y lo depositó en un acuario nuevo junto a una preciosa hembra que lo cuidó hasta que recuperó sus fuerzas y sus brillantes y grandes aletas, que fluían mecidas por la corriente del gran acuario que le había brindado el gran monstruo de cuatro extremidades y una gran cabeza.

M. D. Álvarez 

lunes, 3 de marzo de 2025

Habilidades mejoradas. 2da parte.

Mientras observaba los escombros del búnker, una mezcla de asombro y temor lo invadió. Sabía que sus nuevas habilidades eran extraordinarias, pero también comprendía que debía aprender a controlarlas. Decidió que lo mejor sería hablar con su superior inmediato,  para informarle de lo sucedido.

Al llegar a la oficina del general, notó que todos los ojos estaban puestos en él. Las noticias de su hazaña en el gimnasio y el búnker se habían esparcido rápidamente. El general, un hombre de pocas palabras pero de mirada penetrante, lo recibió con una mezcla de curiosidad y preocupación.

—Soldado, he oído cosas sorprendentes sobre ti esta mañana. ¿Qué tienes que decir al respecto? —preguntó el general.

Él relató todo lo sucedido desde su visita al laboratorio de hibridación hasta el momento en que destrozó el búnker. El general escuchó atentamente, sin interrumpirlo, y al final, asintió lentamente.

—Esto es algo sin precedentes. Necesitamos evaluar tus capacidades y determinar cómo podemos utilizarlas de manera segura y efectiva. A partir de ahora, estarás bajo observación constante y trabajarás con un equipo especializado en habilidades mejoradas. ¿Entendido?

—Sí, señor —respondió él, consciente de que su vida estaba a punto de cambiar drásticamente.

Esa noche, mientras se preparaba para dormir, no pudo evitar pensar en las implicaciones de sus nuevas habilidades. ¿Serían una bendición o una maldición? Solo el tiempo lo diría. Pero una cosa era segura: estaba dispuesto a enfrentar cualquier desafío que se le presentara.

M. D. Álvarez 

domingo, 2 de marzo de 2025

La reina del carnaval.

Con aquel precioso traje de princesita y subida a hombros de su padre, la chiquilla disfrutaba de las comparsas y fanfarrias del desfile de carrozas de carnaval.

—¿Te gusta, cielo? —preguntó su padre.

—Sí, papi, me encanta.

—Mira quién viene por ahí —dijo su padre al ver aparecer a su esposa vestida como la reina del carnaval, subida en la carroza más espectacular de todas. Era la carroza principal, con adornos espectaculares en forma de gran fénix dorado. Ella apareció de entre las alas del gran fénix; bailaba al son de la música con gracia y salero.

Los vio entre la multitud y lanzó sendos besos al aire que tanto su princesita como su amor captaron al vuelo.

—¡Wow, está bellísima, papi!

Él iba ataviado con el traje de guerrero olmeca. 

La música resonaba en el aire, y la pequeña, con su traje de princesita, no podía dejar de mover los pies al ritmo de las fanfarrias. Su padre la sostenía con fuerza, disfrutando también de la alegría que emanaba su hija.

—¿Ves, cielo? —dijo él mientras señalaba a su esposa—. Esa es tu madre, la reina del carnaval. Ella siempre brilla como el oro.

La niña miró a su madre con admiración, sus ojos llenos de asombro. La carroza avanzaba lentamente, y el fénix dorado parecía cobrar vida con cada movimiento de su madre.

—¡Mami! —gritó la pequeña mientras agitaba los brazos en el aire. 

La reina del carnaval se detuvo un momento y sonrió, reconociendo la voz de su hija entre la multitud. Con un gesto elegante, hizo una pausa en su danza y se inclinó para lanzar otro beso lleno de amor hacia ella.

—¡Eres mi tesoro! —gritó la madre—. ¡Te amo!

El padre sonrió al ver la conexión entre ambas. Era un día especial no solo para ellos, sino para toda la familia. Mientras continuaban observando el desfile, comenzaron a notar otros trajes espectaculares y carrozas llenas de colores vibrantes.

—Mira esos bailarines —dijo el padre—. ¿Te gustaría unirte a ellos más tarde? —preguntó él, recordando cómo también había pertenecido a uno de aquellos grupos antes de conocer a la que sería el amor de su vida y futura reina del carnaval.

La niña asintió emocionada, deseando ser parte de esa magia.

Después de unos momentos más de disfrute, la carroza se detuvo y su madre hizo una señal a los bailarines para que se acercaran. Ellos comenzaron a danzar alrededor de la carroza, creando un espectáculo impresionante.

—¿Quieres conocerlos? —preguntó su padre, animado por la energía del momento.

Con una sonrisa radiante, la niña respondió:

—¡Sí! 

Bajó rápidamente de los hombros de su padre y corrió hacia donde estaban los bailarines. Su madre se unió a ella, brillando con su vestido deslumbrante mientras se movía al ritmo de la música. 

El padre las observaba con orgullo y felicidad. En ese instante, se dio cuenta de que esos momentos eran los que realmente importaban: ver a su familia unida en medio del carnaval, disfrutando cada segundo juntos.

M. D. Álvarez 

Habilidades mejoradas.

Su llavero era un recuerdo de Afganistán: una bala del calibre .45 que le extrajeron del hombro. Esa bala estaba dirigida a su teniente. Su deber para con su comando era cuidar de que todos regresaran sanos y salvos. Notó cómo se deslizaba de su bolsillo y atrapó al ladrón que trataba de hacerse con su suvenir. El chiquillo se quedó blanco, soltó el llavero y echó a correr.

Llegó a su casa, dejó el petate en el suelo y se sentó en el sillón. Los había traído a todos de vuelta a casa. 

Cada día era más complicado cumplir la misión y traerlos a salvo de vuelta. Se estaba pensando en la oferta del laboratorio de hibridación; si conseguía mejorar sus tiempos de reacción, ¡bienvenido sea! A la mañana siguiente, se dirigió a dicho laboratorio, donde, tras someterlo a diversos exámenes médicos, le inyectaron un suero color violeta. 

Tras tres horas esperando los resultados, le dijeron que ya se podía ir a casa y que, si notaba algún cambio físico, regresara. Esa noche durmió profundamente, pero sus sentidos estaban alerta; oía todo lo que pasaba en la ciudad. 

Cuando despertó, estaba completamente relajado; no recordaba cuándo había sido la última vez que había dormido tan bien. Se fue al gimnasio; fue allí donde se dio cuenta de que algo había cambiado en él: destrozó el saco de boxeo de un solo puñetazo, levantó 500 kilos sin ningún esfuerzo y estaba sorprendido; no digamos los demás clientes del gimnasio, que se quedaron boquiabiertos. 

Se dirigió al cuartel general donde su comando se entrenaba; allí utilizó el búnker para probar sus nuevas fuerzas y desató toda su furia, arrasando el búnker por completo.

Continuará...

M. D. Álvarez 

sábado, 1 de marzo de 2025

El día de Don Carnal.

Su aspecto por la noche le daba un aire de misterio, y si recibía los rayos de la plateada Selene, era mucho más interesante. Su bien cuidado traje y sus modos respetuosos le conferían un aire príncipesco, pero todo cambiaba al ver a la bella Selene; lo hechizaba, y su animal interior surgía de improviso, conservando su buena educación y respeto por las bellas criaturas que, sorprendidas por las habilidades del apuesto licántropo, se deshacían en halagos y mimos, dispensando caricias al calmado licántropo que solo tenía ojos para una de aquellas deliciosas jovencitas que lo miraba de una forma que parecía querer arrancarle aquel bien cuidado traje y hacerlo suyo allí mismo.

Dicha jovencita iba vestida para tal ocasión; era la reina del baile y su enamorado licántropo la colmaba de atenciones. Lástima que tan solo se pudieran amar en un día como aquel. 

Ah, que no os he dicho en qué día ocurrió este encuentro, pues fue en el día de Don Carnal, fecha muy apropiada para desatar los deseos más carnales de todas las criaturas, tanto celestiales como oscuras.

M. D. Álvarez

La estrella.

Solo le faltaba una carrera para ganar la liga. El lanzador era un atlético joven de pelo largo y unos ojos increíblemente azules.

El bateador se vanagloriaba de tener el brazo más fuerte, capaz de eliminar a cualquier lanzador, pero no conocía al portento que estaba a punto de destrozarlo.

Su lanzamiento fue tan potente que ni lo olió 250 km/h. Strike 1.

Segundo lanzamiento: 300 km/h. Strike 2.

La última bola le imprimió un efecto curvo y a una velocidad de 350 km/h.  
Strike 3, eliminado.

Su equipo logró ganar la liga gracias a la nueva estrella de ojos azules.

M. D. Álvarez