sábado, 15 de febrero de 2025

Reconciliación épica.

Sus peleas eran épicas, pero sus reconciliaciones, apoteósicas. La última fue legendaria; ni siquiera recordaban por qué habían discutido, pero la reconciliación fue la más dulce y placentera de todas.

Después de aquella reconciliación, se dieron cuenta de que sus discusiones, aunque intensas, eran solo un pequeño capítulo de su relación. Lo que realmente importaba era la forma en que siempre encontraban el camino de vuelta el uno al otro. Esa noche, bajo un cielo estrellado, se prometieron que nunca más permitirían que una pelea los separara.

Decidieron emprender un viaje juntos, uno que siempre habían soñado pero nunca se habían atrevido a realizar. Se dirigieron a un pequeño pueblo costero, donde el tiempo parecía haberse detenido. Pasearon por la playa, sintiendo la arena entre los dedos y el relajante sonido de las olas.

Cada día era una nueva aventura: descubrían rincones escondidos y compartían risas interminables. Se dieron cuenta de que, a pesar de sus diferencias, eran más fuertes juntos. Las pequeñas cosas que antes parecían importantes ahora palidecían ante la inmensidad de su amor.

Una noche, mientras contemplaban el atardecer, se miraron a los ojos y supieron que, sin importar lo que el futuro les deparara, siempre estarían juntos. Porque al final del día, lo que realmente importaba era el amor que compartían, un amor que había superado todas las pruebas y que seguiría creciendo con cada nuevo amanecer.

M. D. Álvarez

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