Su primera vez fue algo íntimo y encantador. Él la llevó al lugar donde la vio por primera vez, en aquella cala recogida donde él iba a practicar los clavados. Ella se encontró con él cuando se encaminaba al acantilado; ella admiró su musculatura.
Aquella sería la noche en que había decidido perder su virginidad. Él había preparado un hermoso lecho de flores bajo un templete decorado con mucho gusto y consideración.
Ella se maravilló de lo tierno y dulce que era con ella; la trataba con dulzura y pasión, demostrando un amor incondicional. Ella se tendió sobre el lecho que él había preparado, tendió las cortinas que había colgado en el templete, evitando así ser observados por los curiosos.
Él se tendió a su lado y comenzó a acariciarla suavemente. Con dulzura, la tensión entre ellos iba en aumento, excitándola con cuidado. Ella lo acarició suavemente, rozando su musculatura y llevando su mano hacia su miembro, que permanecía relajado.
Él la besó apasionadamente por todo su cuerpo mientras ella, excitada, rozaba suavemente su verga, que comenzaba a estar dura. Ella se subió sobre él, estremecida por la pasión; sus contorsiones lo llevaron a un éxtasis explosivo. La erección lo llevó a gritar de placer mientras cabalgaba locamente sobre él.
Ella seguía excitada y se dejó caer sobre su pecho. Exhausta y agotada, se durmieron los dos completamente exhaustos.
Al despertar, ella lo miró a los ojos con una mezcla de miedo y alivio. ¿Había sido todo un sueño? ¿O ahora eran algo más? Él, por su parte, se sentía abrumado por una sensación de responsabilidad y protección. Sabía que esta noche había marcado un antes y un después en su relación.
De vuelta en la ciudad, la rutina volvió a sus vidas. Sin embargo, ella no podía dejar de pensar en aquel momento mágico en la cala. Y entonces, una noche, mientras cenaban, él sacó un pequeño cofre de su bolsillo. Al abrirlo, ella se encontró con un collar con un colgante en forma de estrella de mar..
Te quiero desde que te vi hace dos meses mientras entrenaba picados te ame y ahora quiero consolidar nuestra relación, bajo el collar había una pequeña cajita con una hermosa sortija.
Hincó la rodilla y le preguntó ¿Quieres casarte conmigo?
Ella lo miró a los ojos vio su determinación y acepto lo había amado desde aquel día que se lo cruzó cuando iba a entrenar.
M. D. Álvarez
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