Bajo aquel arco, su unión los haría inmortales, señores del tiempo inmutable, puente entre lo divino y lo humano. La naturaleza de él era salvaje y noble; ella era tenaz e inteligente.
Él la había buscado por toda la creación hasta que la encontró bajo aquel enigmático arco. Entre dos mundos aislados, dormía plácidamente, etérea y sinuosa.
Se acercó a ella y, sin poder reprimir su anhelo, la besó dulcemente, despertándola de su letargo. Al verlo a su lado, logró reconocerlo, pues se conocían desde eones anteriores.
Fueron separados por el orbe oscuro, ya que su amor sellaría el destino de la creación. Se amaban plácidamente, saciando sus anhelos y placeres. Bajo el arco de la creación, concibieron al primero de los guardianes estelares, que lucharía por la herencia de luz de sus ardientes padres, quienes seguían disfrutando de su amor tan largamente deseado.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario