domingo, 9 de febrero de 2025

Amor y sacrificio.

La magia que había entre ellos dos era verdaderamente maravillosa. Se querían más que a la vida misma; él hubiera dado su vida por ella sin dudarlo. La amaba y sabía que ella lo amaba de igual manera. 

Aquella fue una prueba de fuego dolorosa, pero la sufrió con valentía. Se enfrentaría a pruebas dolorosas y atroces; ella sabía que él se sometería de forma voluntaria y se enfrentaría a los más duros adversarios por ella. La habían atado a una columna, exponiéndola a todo tipo de maleantes. 

Él, en el afán de protegerla, evitó que nadie la tocara; a costa de su propia salud, llevaba protegiéndola tres semanas, sin casi tiempo para dormir, pero no cesaría de protegerla. 

En el último ataque, recibió una puñalada por la espalda, pero no se detuvo; continuó cuidando de ella. La prueba finalizó; ella notó que se rezagaba y volvió a por él. Lo encontró tendido de bruces, rodeado de un gran charco de sangre. Pudo taponar la herida y solicitó un rescate aéreo, para lo cual tenía que llevarlo una distancia de 500 metros hasta el claro más cercano. Lo levantó con mucho esfuerzo y comenzó a caminar, arrastrándolo y tropezando con raíces traicioneras. 

Finalmente, logró llegar con él al claro justo a tiempo; el helicóptero los esperaba. Fueron transportados a un hospital, donde tuvieron que extraerle el riñón; la puñalada había destrozado el riñón derecho. Ella no se movió de su lado; sabía que él jamás la dejaría.

Después de varias semanas en el hospital, él finalmente despertó. Sus ojos se encontraron con los de ella, llenos de lágrimas de alivio y amor. Aunque había perdido un riñón, su espíritu seguía intacto. Ella le sonrió y le tomó la mano, prometiéndole que nunca más lo dejaría solo.

Con el tiempo, ambos se recuperaron de sus heridas físicas y emocionales. Decidieron que ya era hora de dejar atrás las pruebas y los peligros que habían enfrentado. Se mudaron a una pequeña casa en el campo, donde podían vivir en paz y disfrutar de la compañía del otro.

Cada día, él le recordaba cuánto la amaba y cuánto significaba para él. Y cada día, ella le demostraba con pequeños gestos y palabras que su amor era recíproco. Juntos, encontraron la felicidad en las cosas simples de la vida, sabiendo que habían superado lo peor y que su amor era más fuerte que cualquier adversidad.

M. D.  Álvarez 

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